¿Existe la predestinación?
Salvación
abril 10, 2026
Ciertas cosas se decretaron por el libre albedrío de Dios, y una de ellas es la ley de la elección y sus consecuencias.
Pr. Alberto R. Timm, Ph. D.
Dios sabe realmente quién se salvará y quién se perderá, porque él es “perfecto en conocimiento” (Job 37:16, RVA-2015) y “conoce todas las cosas” (1 Juan 3:20, RVA), incluso “lo que está por venir” (Isaías 46:10, NVI). Pero ese conocimiento divino, que es absoluto ─pero no causativo─, no restringe en absoluto la libertad humana de elegir el camino de la salvación o de la perdición.
La biblia establece claramente que el mismo Dios que “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45) también ofrece la salvación a todos por igual. No solo manda que el evangelio sea predicado “a toda criatura” (Marcos 16:15), sino también invita “a todos los sedientos: Venid a las aguas” (Isaías 55:1), “vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28, NVI). El apóstol Pablo presenta este mismo concepto de imparcialidad divina cuando declara: “Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia” (Hechos 10:34-35, NVI).
Argumentar que todos los seres humanos de manera individual nacieron predestinados unos para salvación y otros para perdición implica rechazar las declaraciones apostólicas de que Dios “quiere que todos sean salvos” (1 Timoteo 2:4, NVI) y que “no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9, NVI). ¿Cómo podría el apóstol Pablo haber instado a “que todos, en todas partes, se arrepientan” (Hechos 17:30, RVC) si no pudieran todos arrepentirse?
Aunque la salvación se ofrezca gratuitamente a todos sin distinción, solo aquellos que lo acepten por la fe serán salvos (Efesios 2:8-10). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16, RVA-2015). Por lo tanto, los impíos no se pierden como resultado de un decreto divino arbitrario, sino como consecuencia natural de haber rechazado individualmente la oferta de salvación. A. W. Tozer comenta:
“Ciertas cosas se decretaron por el libre albedrío de Dios, y una de ellas es la ley de la elección y sus consecuencias. Dios declaró que todo el que se entrega voluntariamente a su hijo Jesucristo en obediencia de fe recibirá la vida eterna y se convertirá en hijo de Dios. También decretó que los que aman las tinieblas y se mantienen en rebeldía contra la suprema autoridad del cielo permanecerán en estado de alienación espiritual y sufrirán al final la muerte eterna” (Mais Perto de Deus. São Paulo: Mundo Cristão, p. 132).
Si bien Dios predestinó para salvación a todos los que voluntariamente acepten a Cristo (Efesios 1:3-14), no predestinó a nadie para perdición. Que al ser mismo humano ─y no a Dios─ le compete elegir su destino es evidente en las siguientes palabras de Josué 24:15: “Pero si les parece mal servir al Señor, escojan hoy a quién sirvan: si a los dioses a los cuales servían sus padres cuando estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:15, RVA-2015).
El Nuevo Testamento aclara que incluso los escogidos del Señor pueden perder la salvación si se apartan de Cristo (Hebreos 6:4-6). Por esta razón, el apóstol Pablo declaró: “Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Corintios 9:27, NVI). Y es por este mismo motivo que Cristo afirmó que solo los que perseveraran hasta el fin serían salvos (Mateo 10:22; Marcos 13;13). Por lo tanto, aunque el hombre sea completamente incapaz de salvarse a sí mismo, puede elegir permitir que Dios lo salve o no.
Autor: Pr. Alberto R. Timm, Ph. D.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/existe-predestinacao/
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