La razón del evangelio
Gracia
enero 16, 2026
¿De qué serviría el propio Salvador, su muerte en la cruz, el evangelio y el perdón si no hubiera culpables dignos de condenación?
Pr. Amin Rodor, PhD
“En cambio, si alguno cree en Dios, que hace justo al pecador, Dios le tiene en cuenta su fe para reconocerlo como justo, aunque no haya hecho nada que merezca su favor” (Romanos 4:5, NBV). Durante los años que trabajé como pastor en Toronto, mi iglesia apoyó el programa de televisión Está Escrito, en portugués, dirigido y presentado por el pastor Henry Feyerabend. Como estrategia de evangelización, presenté algunos de estos programas. Recuerdo que en uno de ellos traté de responder a las preguntas más comunes que se hacen las personas que vienen del catolicismo. Una de ellas fue esta: “¿Cuánto tengo que cambiar antes de ir a Cristo?”. Mi respuesta comenzó con otra pregunta: “¿Cuánto tiene que cambiar un enfermo antes de ir al médico?”. La respuesta es obvia. Si alguien necesita mejorar primero para recién ir después al médico, entonces ya no necesitará al médico. Luego añadí: “Los leprosos vinieron a Cristo como leprosos; los ciegos, como ciegos; y los lisiados, como lisiados. Fue él quien obró el cambio”.
Parece muy sencillo, ¿verdad? Pero tenemos enormes dificultades para practicarlo en relación con nosotros mismos y también con los demás. Durante la Edad Media, la Iglesia enseñaba que una persona debía primero santificarse para luego ser justificada. Según esta mentalidad, primero había que hacer todo lo que estuviera al alcance, es decir, recorrer la mitad del camino en solitario. Había que demostrar que se era digno de la ayuda divina. Solo entonces Dios vendría al encuentro. La confusión teológica entre santificación y justificación no es una herejía nueva. Se remonta a Agustín, prevaleció durante toda la época medieval y aún persiste entre muchos hoy. El gran problema de esta enseñanza es que, en este caso, Dios no “justifica al impío”, como dicen las Escrituras en el texto de hoy, sino al “justo”.
Ahora, presta atención al mensaje de un poderoso sermón de Charles Spurgeon sobre Romanos 4:5: “Si no estás perdido, ¿de qué te sirve un Salvador? ¿Saldría un pastor en busca de los que nunca se han extraviado? ¿Por qué la mujer barre toda la casa para buscar las monedas que no se han caído del bolso? ¿No es el remedio para los enfermos, la vivificación para los muertos, el perdón para los culpables, la libertad para los cautivos y la apertura de los ojos para los que yacen en la ceguera? ¿De qué serviría el propio Salvador, su muerte en la cruz, el evangelio y el perdón si no hubiera culpables dignos de condena? El pecador es la razón de ser del evangelio”.
Autor: Pr. Amin Rodor, PhD
Fuente: Meditações Matinais Encontros com Deus (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2014).
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/a-razao-do-evangelho/
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