Traumas psíquicos
Esperanza
marzo 2, 2026
Del mismo modo que un gran accidente físico deja marcas permanentes, los traumas psíquicos también pueden dejar secuelas durante muchos años.
Julián Melgosa y Michelson Borges
José era un joven hebreo que vivió cerca de dos mil años antes de Cristo. Él nació en una familia buena, y rápidamente demostró inteligencia y visión. Impulsados por celos irracionales, sus hermanos lo vendieron como esclavo a los habitantes de otro país. En su nuevo destino, tuvo que sufrir en silencio y adaptarse a condiciones totalmente opuestas a las que estaba acostumbrado. José pasó por experiencias traumáticas de estrés intenso. Sin embargo, salió con honores de esta prueba severa y llegó a conquistar las metas más elevadas.
¿De qué manera José fue capaz de preservar la salud mental durante tanta adversidad? El ejercicio de la verdadera fe en Dios durante décadas de ensayos. Suplicando al Creador el poder sobrehumano que necesitaba para salir de tal opresión. Orando diariamente y manteniéndose en contacto con Dios en tiempos de angustia. Por encima de todo, mantuvo viva la esperanza de que algún día el dolor pasaría y que su Dios, al que tanto amaba, le reservaba un final feliz a su vida. José había decidido actuar como una figura de transición. Tenía todo para no perdonar a sus hermanos, para cobrarles intereses emocionales sin precio, pero decidió retribuir a todos de forma completamente diferente de lo recibido. El informe completo se registra en el libro de Génesis, los capítulos 37 y 39 al 50.
Los acontecimientos de fuerte intensidad emocional, especialmente si se los experimenta en un momento difícil de la vida o en una edad temprana, pueden incluso causar depresión en la persona. Sería los casos de insultos, una niñez ridiculizada, asustarse en la oscuridad, tener miedo a las serpientes o arañas, sentirse calumniado, ser obligado a una satisfacción sexual o perder a su padre o madre siendo todavía muy joven… Del mismo modo que un gran accidente físico deja marcas permanentes, los traumas psíquicos también pueden dejar secuelas durante muchos años.
Las consecuencias más significativas se manifiestan en los días y las semanas después de la experiencia. Por ejemplo: sueños, recuerdos fugaces, negación de los hechos, ansiedad o falta de atención y concentración. En algunos casos, especialmente en los niños, las consecuencias pueden permanecer durante años, convirtiéndose en una barrera fuerte para una vida sana mentalmente.
Los traumas y las tensiones son incluso capaces de desencadenar la manifestación de ciertos genes y enfermedades. “Estudios en animales revelaron que los factores sociales, conductuales y ambientales pueden, de hecho, determinar que se manifiesten los genes; es decir, que estén conectados o desconectados. Por ejemplo, se demostró que el estrés provoca los síntomas de la diabetes, como la hiperglucemia, en animales genéticamente susceptibles a la diabetes. Es menos probable que los animales no sometidos a estrés desarrollen hiperglucemia o diabetes, a pesar de ser genéticamente propensos a esos trastornos”, escribió Norman Anderson en su libro Emotional Longevity… (p. 5).
Efectos de los traumas del pasado
Los traumas del pasado pueden producir:
Complejo de inferioridad: El propio yo recibe gran parte del impacto traumático, y la persona pierde la seguridad en sí misma, lo que se revela en un complejo de inferioridad y en inseguridad.
Dificultad para realizar actividades normales: La persona afectada se siente incapaz de alcanzar metas simples. Por ejemplo: las niñas o las jovencitas víctimas de abuso sexual a menudo tienen problemas para relacionarse socialmente con los niños o con varones. O un niño a quien los hermanos mayores asustaron con una araña es probable que tenga fobia a los animales.
Tendencias paranoicas: Una persona traumatizada muestra desconfianza del medio ambiente, y puede interpretar actitudes neutras de los demás como una emboscada en su contra y considerarse víctima de una agresión o persecución indebida.
Depresión: El acontecimiento traumático a menudo se percibe como una pérdida (pérdida del honor, pérdida de un ser querido), y cada pérdida trae consigo el riesgo de síntomas depresivos.
Anorexia y bulimia: También hay una clara correlación entre ser una víctima de abuso sexual y los trastornos de la alimentación, especialmente la anorexia y la bulimia.
Cómo superar los traumas
Hay traumas que, por su gravedad, requieren tratamiento psiquiátrico. Otros, aunque sin consecuencias tan drásticas, tienden a complicar el desarrollo de la vida de una persona dentro de la normalidad. Para ello, ofrecemos los siguientes consejos:
Asuma el pasado y centralícese en el futuro: El pasado no puede cambiarse. Es inútil culpar a los hechos o las personas que influyeron negativamente. Si se estaciona en el pasado, no podrá mirar el futuro con confianza. Además, es bueno recordar que nuestra mente no tiene un recurso perfecto de registro de datos. Nuestros recuerdos son reconstrucciones de eventos pasados, y esos recuerdos se ven afectados por nuestros sentimientos y por la comprensión que tenemos de ellos en el tiempo presente.
Hable sobre el evento traumático: En un ambiente seguro y tranquilo, hablar (o escribir) sobre el evento que causó el trauma es un paso importante. Busque a una persona de confianza y dígale lo que le pasó. El efecto de la terapia de grupo con personas que han pasado por el trauma y compartir sus experiencias también ofrece resultados efectivos. En tanto no elabore los pensamientos que le hacen daño, se repetirán. Y lo que no puede decirse no será olvidado.
Mire el lado positivo: Los desastres y las calamidades tienden a unir a los sobrevivientes, las familias y las comunidades. Los que enfrentan tragedias suelen ser agradecidos por la solidaridad humana. Por otro lado, las situaciones traumáticas, cuando se abordan adecuadamente, tienden a fortalecer el carácter de los que pasan por ellas.
Intente perdonar: Si bien es un proceso que puede llevar mucho tiempo, puede evitar el odio y el resentimiento hacia los responsables del trauma. Este es un paso importante para la solución de lo que sucedió en el pasado. Y no solo es aplicable a los demás, sino también a nosotros mismos: autoperdón y autorreconciliación. Trabajar el odio no debe impedir que la víctima quiera un fin justo a su experiencia traumática.
El dolor y el resentimiento nos convierte en rehenes del pasado y a seguir recordando algo que pasó hace mucho tiempo. Por lo tanto, el peor perjudicado por el daño es uno mismo.
Sin embargo, el perdón no siempre es espontáneo, porque nuestra capacidad de amar (perdonar es amar) es limitada. Busque la Fuente del perdón –el Dios de amor–, quien, según el Evangelio, quiere que seamos sus amigos y nos puede ayudar a superar el pasado que nos persigue. Recuerde la oración del Señor diciendo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (S. Mateo 6:12).
Escribir las experiencias
Melanie Greenberg y Arthur Stone realizaron un interesante estudio en la Universidad del Estado de Nueva York, en Stony Brook. Tomaron parte sesenta alumnos universitarios, con experiencias pasadas, siguiendo estos pasos:
1. Agruparon a los participantes en subgrupos: los que habían sufrido un trauma fuerte, los que habían sufrido un trauma leve y aquellos que no habían sufrido trauma alguno.
2. A algunos se les pidió que revelasen por escrito su experiencia, y a otros no se le dio esa oportunidad, para que sirvieran como punto de referencia al grupo de control.
3. Durante los siguientes meses, se observaron tendencias de salud y enfermedad en todos los participantes.
Los resultados mostraron que los que habían experimentado un trauma fuerte y revelado el hecho por escrito experimentaron mejoras en la salud física muy por encima de aquellos que no habían escrito nada sobre su experiencia traumática.
Tales estudios demuestran que revelar la experiencia traumática no solo es bueno para el alma, sino también para el cuerpo. Uno de los que defienden esto es Elie Wiesel, el escritor y sobreviviente de los campos de concentración nazis. Él escribió y reescribió sus experiencias personales traumáticas y, así, pudo resignificar y replantear esos traumas. Para él, incluso si no podemos expresar nuestros sentimientos y recuerdos correctamente, aun así debemos intentarlo.
Por otra parte, en la lucha por superar el trauma, es necesario evitar la victimización. Buscar consuelo en la religión, crear nuevas metas para la vida (saber utilizar su experiencia para hacer algo bueno por los demás) y no alimentar el deseo de venganza u odio son pasos importantes para superar el trauma.
Un óptimo consejo bíblico en este contexto es el siguiente: “Una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta!” (Filipenses 3:13, 14).
Resiliencia
La palabra “resiliencia” proviene de la física y describe la capacidad de algunos materiales para volver al estado original o mejorar la calidad después de haber sido sometidos a situaciones extremas. En términos humanos, la resiliencia es la capacidad de una persona para mantener o recuperar la esencia emocional, o incluso llegar a ser mejor después de pasar por una situación traumática.
Por supuesto, hay diferentes niveles de resistencia entre las personas. Lo que traumatiza a alguien no necesariamente puede afectar de la misma manera a otros. Esto depende de factores tales como el temperamento, la capacidad para resolver problemas, la inteligencia, la autoestima, las habilidades sociales, el autocontrol, la familia y las relaciones sociales, etc.
Nunca está de más enfatizar la importancia de las buenas relaciones. Un estudio de 724 personas mayores de 70 años llegó a la conclusión de que no son la riqueza ni la fama lo que garantiza la felicidad, la longevidad y la capacidad de recuperación, sino las buenas relaciones con la familia y los amigos. Robert J. Waldinger, psiquiatra y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, es el que coordina el estudio actualmente. Él cita tres grandes lecciones acerca de las relaciones extraídas de la investigación estadounidense: (1) las relaciones sociales son buenas para los seres humanos (sí, la soledad mata); (2) la calidad de las relaciones es más importante que la cantidad; y (3) las relaciones felices y duraderas protegen la salud física y mental.
“Una experiencia de soledad se torna tóxica. Las personas más aisladas descubren que son menos felices, que su salud empeora más rápido en la mediana edad, que su función cerebral disminuye prematuramente y que tienen vidas más cortas que las personas que no se sienten solas”, declaró Waldinger en una conferencia disponible en YouTube. Pero hay otro factor más importante que las buenas relaciones sociales.
Ahora los investigadores reconocen que un factor importante para el desarrollo y el fortalecimiento de la resiliencia es la religión. Además de brindar una red de apoyo social, la religión proporciona una visión positiva del futuro. Pero no puede ser cualquier religión, sugiere el psiquiatra Harold Koenig, de la Universidad Duke, en Carolina del Norte (EE.UU.), quien estudia la relación entre religión y salud. Dice que no sirve de nada simplemente decir que se es “espiritual” sin tener una experiencia práctica religiosa. Usted tiene que estar comprometido con la religión a fin de disfrutar de sus beneficios. Tenemos que ir a los cultos y expresar la fe en el hogar y en otros lugares a través de la oración y el estudio de la Biblia. Él afirma que la creencia religiosa debe influir en la vida para que también influya en la salud.
Recuerde: la religión hará bien si es positiva, centrada en una buena relación con Dios y con los demás. Y la Biblia describe exactamente cómo es la verdadera religión: “Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo” (Santiago 1:27).
En este mundo, es imposible eliminar (al menos por ahora) todas las situaciones traumáticas. Por más resiliente que sea la persona, el sufrimiento alguna vez llamará a su puerta y le traerá dolor. ¿Por qué las cosas tienen que ser así?
Nuestro planeta es un campo de batalla… Las cicatrices de guerra están en su cuerpo, en su mente, en su corazón. Sin embargo, puede hacerse una cosa: cambiar de actitud en relación con lo que ocurrió en las batallas de la vida. Cambiar la manera de ver esos traumas. La persona que confía en el Dios de la Biblia sabe que “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Romanos 8:28). Por lo tanto, entienda y acepte que no es Dios quien originó el mal, sino que utiliza todo lo que es posible para que esas experiencias del campo de batalla contribuyan a su crecimiento y su salvación eterna.
Confíe en el Padre. Confíe en el General. Él ya demostró que es digno de esa confianza.
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Autor: Julián Melgosa y Michelson Borges
Fuente: El poder de la esperanza, pp. 47-52, 54.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/traumas-psiquicos/
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