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La rebelión humana frente a la ira y el perdón divinos (2/2)

Perdón

julio 8, 2026

A pesar de las elecciones de nuestros padres, de nuestros antepasados, todos podemos vivir una experiencia única y personal con Dios.

Débora Bergère

Al día siguiente, los rebeldes, luego de acusar a Moisés y Aarón, fueron a presentarse ante Dios con sus incensarios, al igual que Aarón. Entonces, la gloria de Dios se manifestó poderosamente:

“Y el Señor se dirigió a Moisés y a Aarón y les dijo: ¡Apártense de esa comunidad pues la voy a aniquilar en un instante! Pero ellos [Moisés y Aarón] se postraron sobre sus rostros y dijeron: Oh Dios, origen de toda vida, si ha sido uno solo el que pecó, ¿te enojarás contra toda la comunidad?”.

“El Señor contestó a Moisés: Pide a la comunidad que se retire de los alrededores de las tiendas de Coré, Datán y Abirán. Moisés se levantó y, junto con los ancianos de Israel, se dirigió adonde estaban Datán y Abirán. Dijo entonces a la comunidad: Apártense de las tiendas de esos hombres impíos y no toquen ninguna cosa suya si no quieren perecer a causa de todos sus pecados” (Números 16:20-26, BLPH).

“Así lo hicieron; se apartaron de los alrededores de las tiendas de Coré, de Datán y de Abirán, mientras estos habían salido y estaban a las puertas de sus tiendas, con sus mujeres y sus hijos, incluidos los más pequeños. Y Moisés dijo: Ahora conocerán que es el Señor quien me ha enviado para hacer todo esto, y que no lo he hecho por mi propia voluntad” (Números 16:27-28, BLPH).

“Si estos hombres mueren de muerte natural o siguiendo el destino común de todos los humanos, entonces no es el Señor quien me ha enviado. Pero si el Señor hace algo extraordinario y la tierra, abriendo su boca, los traga con todas sus pertenencias, de suerte que desciendan vivos al reino de los muertos, entonces sabrán que estos hombres han menospreciado al Señor. Apenas terminó Moisés de decir todas estas palabras, cuando la tierra que estaba debajo de ellos abrió su boca y se los tragó, junto con sus casas; lo mismo les ocurrió a todos los secuaces de Coré y a todas sus pertenencias. Descendieron vivos al reino de los muertos; la tierra se cerró sobre ellos y desaparecieron de en medio de la comunidad. Al oír sus gritos, todos los israelitas que estaban cerca de ellos huyeron diciendo: ‘¡No sea que también a nosotros nos trague la tierra!’. Salió entonces un fuego de la presencia del Señor que devoró a los doscientos cincuenta hombres que estaban ofreciendo el incienso.” (Números 16:29-35, BLPH).

Es una triste historia que podría haber sido diferente si no hubieran pecado contra el Espíritu Santo. Esta es la única explicación de su desprecio por la palabra del Señor y su negativa a buscar el perdón en reconocimiento del pecado que estaban cometiendo.

¿Crees que, frente a las palabras de Moisés sobre la sentencia que definiría si habían despreciado al Señor o no, se habrían librado de la sentencia si hubieran clamado por la misericordia y el perdón? No hay duda de que sí. Y así también los 250 príncipes. ¿Estás de acuerdo? Entonces, puesto que Coré y sus seguidores murieron, ¿qué les impidió buscar el perdón?

El capítulo continúa con una mezcla de intercesión, perdón y destrucción frente a las consecuencias de la influencia que aquellos hombres habían ejercido sobre el pueblo. El pueblo huye al presenciar la destrucción de Coré y sus seguidores, pero no expresa ningún arrepentimiento. Y al día siguiente acusan a Moisés de las muertes ocurridas. ¿Logras entenderlo?

“Al día siguiente, toda la congregación de los israelitas volvió a murmurar contra Moisés y Aarón, alegando: Ustedes mataron al pueblo del Señor. Como la congregación empezó a amotinarse contra Moisés y Aarón, estos se dirigieron a la Tienda de reunión. De repente la nube cubrió la Tienda, y apareció la gloria del Señor. Entonces Moisés y Aarón se detuvieron frente a la Tienda de reunión, y el Señor le dijo a Moisés:

”Apártate de esta gente, para que yo la consuma de una vez por todas. Ellos se postraron rostro en tierra, y Moisés le dijo a Aarón: Toma tu incensario y pon en él algunas brasas del altar; agrégale incienso, y vete corriendo adonde está la congregación, para hacer propiciación por ellos, porque la ira del Señor se ha desbordado y el azote divino ha caído sobre ellos. Aarón hizo lo que Moisés le dijo, y corrió a ponerse en medio de la asamblea. El azote divino ya se había desatado entre el pueblo, así que Aarón ofreció incienso e hizo propiciación por el pueblo. Se puso entre los vivos y los muertos, y así detuvo la mortandad. Con todo, catorce mil setecientas personas murieron, sin contar las que perdieron la vida por causa de Coré. Una vez que cesó la mortandad, Aarón volvió a la entrada de la Tienda de reunión, donde estaba Moisés” (Números 16:41-50, NVI).

Sin embargo, la historia continúa y nos presenta una realidad asombrosa que nos lleva a considerar y alabar el carácter de Dios: misericordioso, clemente, tolerante y justo. El registro se encuentra diez capítulos después, en Números 26:10 y 11, donde leemos sobre el censo de todos los israelitas:

“Y Eliab fue el padre de Nemuel, Datán y Abiram. Datán y Abiram, son los mismos jefes de la comunidad que conspiraron contra Moisés y Aarón, junto con Coré, cuando se rebelaron contra el Señor. Pero la tierra abrió su boca y se los tragó juntamente con Coré, y el fuego devoró a doscientos cincuenta de sus seguidores. Esto sirvió de advertencia a la nación entera de Israel. Sin embargo, los hijos de Coré no murieron ese día” (Números 26:9-11).

La familia de Datán y Abiram había muerto con ellos, pero los hijos de Coré (cuyos nombres se citan en Éxodo 6:24) permanecieron leales a Dios.

En el libro de Isaías encontramos una declaración del propio Dios que contrasta la duración de su ira con la de su misericordia. Su ira/indignación dura un instante, momento en el que deja de mirar; su misericordia es eterna, acompañada de su compasión.

“Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recibiré de nuevo. En un estallido de enojo aparté de ti mi rostro por un poco de tiempo. Pero con amor eterno tendré compasión de ti —dice el Señor, tu Redentor—” (Isaías 54:7-8, NTV).

El Salmo 30 también efectúa este contraste:

“Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría” (Salmos 30:5, CST).

Hablando de salmos, ¿quieres saber la influencia de los coraítas en Israel y en nosotros todavía hoy? Ve a los Salmos.

Los descendientes de Coré compusieron algunos de los salmos más bellos de la Biblia. Hablan de tener sed de Dios, de anhelar su Presencia, de estar en los atrios del Tabernáculo, de la protección, del refugio, de la esperanza, de la alabanza, de la justicia, de la plenitud de la alegría, de la presencia de Dios, de la redención, del valle de lágrimas y del valle de bendiciones, de la restauración, de las bendiciones, de la grandeza del Señor…

Salmos 42, Salmos 44, Salmos 45, Salmos 46, Salmos 47, Salmos 48, Salmos 49, Salmos, 84, Salmos 87 y Salmos 88.

“En la oración y la alabanza los salmistas respondían a los méritos de Dios. Las oraciones de los salmos son una puerta de entrada al corazón del adorador y al corazón de Dios”1.

Conocer la historia de los autores nos lleva a echar otra mirada a lo que es una representación de su experiencia con Dios. ¡Qué inspiración para nosotros! Me dice que, a pesar de las elecciones de nuestros padres, de nuestros antepasados, todos podemos vivir una experiencia única y personal con Dios. Todos podemos escribir nuestra historia con el Dios del amor.

¿Qué opinas sobre profundizar tu relación personal con Dios?

¿Qué te parece empezar con un estudio de los Salmos?

1 Comentario Bíblico Andrews, p. 694.

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/rebeliao-humana-versus-ira-e-perdao-divinos-22/

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