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Pedro y la sucesión apostólica

Iglesia

junio 15, 2026

Lo cierto es que antes del siglo VI había cinco obispados reconocidos por los cristianos en general, y el de Roma era sólo uno de ellos; los otros eran: el de Jerusalén, el de Antioquía, el de Alejandría y el de Constantinopla.

Pr. José Carlos Ramos. Doctor en Teología

“La Iglesia Católica afirma que el Papa es el sucesor apostólico de San Pedro. Una lista de los primeros 33 papas, encabezados por este gran apóstol, aparece en el documento Apologética Católica. ¿Cómo explicar que esta sucesión apostólica no existe?”.

1. San Pedro, 42-67

2. San Lino, 67-78

3. San Clemente, 78-91

4. San Clemente, 91-100

5. San Evaristo, 100-109

6. San Alejandro I, 109-119

7. San Sixto I, 119-128

8. San Telesforo, 128-139

9. San Higinio, 139-142

10. San Pío I, 142-150

11. San Aniceto, 150-162

12. San Soter, 162-170

13. San Eleuterio, 170-186

14. San Víctor, 186-197

15. San Zeferino, 197-217

16. San Calixto I, 217-222

17. San Urbano I, 222-230

18. Ponciano, 230-235

19. San Antero, 235-236

20. San Fabián, 236-251

21. San Cornelio, 251-252

22. San Lucio I, 252-254

23. San Esteban I, 254-257

24. San Sixto II, 257-259

25. San Dionisio, 259-269

26. San Félix, 269-275

27. San Eutiquio, 275-283

28. San Cayo, 283-295

29. San Marcelino, 295-304

30. San Marcelino, 304-310

31. San Eusebio, 310-311

32. San Melciades, 311-313

33. San Silvestre I, 313-336

La lista de los primeros papas que aparece en las publicaciones católicas no tiene nada que ver con la “sucesión de papas”, y mucho menos provienen de Pedro, ya que el sistema papal de gobierno eclesiástico no se hizo realidad hasta después del siglo VI. La lista contiene, a lo sumo, nombres de dirigentes locales de la Iglesia de Roma, no de papas. Incluso es dudoso que Pedro se convirtiera en un líder allí en el período que aparece en la lista. De haber sido así, seguramente Pablo, al escribir a los romanos en el año 58 d. C., habría mencionado al menos el nombre del apóstol (lo mínimo que se podía esperar en sus saludos del capítulo 16), o bien, con mayor razón, se habría dirigido a él en el inicio de la epístola.

Lo cierto es que antes del siglo VI había cinco obispados reconocidos por los cristianos en general, y el de Roma era solo uno de ellos. Los otros obispados eran el de Jerusalén, el de Antioquía, el de Alejandría y el de Constantinopla. La preeminencia del obispo de Roma, en detrimento de los demás que también ejercían influencia en el gobierno de la Iglesia, se hizo más y más evidente con el paso de los años. En 533, Justiniano, emperador del Imperio romano de Oriente, lo nombró “jefe de todas las iglesias cristianas”. En esta época, Constantinopla, y ya no Roma, era la sede del gobierno secular. Así se produjo la romanización del cristianismo y se despejó el camino para el ascenso del papado en la antigua sede, Roma. Como dice el historiador W. Durant, la Iglesia no se limitó a retomar algunas de las formas y costumbres religiosas de la Roma precristiana: la estola y otras vestiduras sacerdotales, el uso del incienso y el agua bendita en las purificaciones, la vela y la luz perpetua en los altares, el culto a los santos, la arquitectura de la basílica, el derecho romano como ley básica del derecho canónico, el título de Pontifex Maximus, para el sumo pontífice, y en el siglo IV el latín como lengua oficial. El gran aporte que Roma confirió a la Iglesia fue una vasta estructura de gobierno que, cuando la autoridad secular se derrumbó, vino a convertirse en la estructura del gobierno eclesiástico (W. Durant, Caesar and Christ, II, p. 285).

Así es como surgió el sistema papal. No fue con Pedro en el primer siglo. Pedro nunca fue papa. Fue un apóstol. Los papas son sucesores de los emperadores romanos paganos. De las palabras de Durant se percibe una secuencia natural entre estos (los emperadores) y los papas, quienes finalmente se hicieron con el predominio en virtud de cómo sucedieron las cosas en el Imperio. La Biblia nunca reconoce ningún tipo de sucesión apostólica. Lo máximo que admite es una sustitución apostólica: la de Matías ocupando el lugar de Judas Iscariote (Hechos 1:15-26). La sustitución se requiere a causa de la apostasía, pero la muerte no implica la sucesión. Santiago, hermano de Juan, martirizado por la espada de Herodes (Hechos 12:2), nunca fue sustituido.

Otro error es afirmar, sobre la base de Mateo 16:13-19, que Jesús entregó a Pedro la primacía suprema de la Iglesia. Pero Pedro no es la piedra del versículo 18. La piedra es Jesús, a quien el apóstol Pedro muy bien lo describió: “el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (versículo 16). La iglesia se edifica sobre esta declaración de fe, y no sobre un simple hombre, que es lo suficientemente pecador y débil como para que “las puertas del infierno” (versículo 18) lo venzan, como cuando Pedro negó tres veces al Señor (26:69-75). Es más, lo que Jesús le aseguró a Pedro en 16:19, “Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”, le aseguró igualmente a toda la Iglesia en 18:18: “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. Aplicadas individualmente a Pedro, estas palabras indican que a él se le había conferido el privilegio de ser el primero en abrir las corrientes de salvación a los pecadores.

De hecho, fue Pedro quien “abrió” la obra de la predicación del evangelio al mundo, tanto a los judíos (Hechos 2:14) como a los gentiles (Hechos 10). Pero en lo que respecta a la administración eclesiástica, su “primacía” (si se puede decir así) nunca fue exclusiva. Más de veinte años después del Pentecostés de Hechos 2, no es más que uno de los tres pilares de la Iglesia de Jerusalén, la iglesia madre de las demás; los otros dos eran Juan y Santiago (no el apóstol, sino el hermano de Jesús) (Gálatas 2:9).

Autor: Escuela Bíblica

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/pedro-e-a-sucessao-apostolica/

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