El juego de la vida: ¿quién controla los acontecimientos?
Dios
abril 20, 2026
Puede ser que hoy no puedas identificar el origen de las cosas que han estado sucediendo en tu vida. Pero entiende que algunas cosas pueden estar sucediendo por casualidad o por el enemigo, o puedes estar cosechando las consecuencias de tus propias decisiones, o puede ser que Dios lo permita para tu salvación.
Maiara Costa
¿A quién le gustan los juegos de mesa? Reunir a los amigos y a la familia y pasar horas y horas divirtiéndose y entreteniéndose. De los muchos juegos de mesa que he jugado, uno de mis favoritos era el juego de la vida, donde se simulaba la vida real de forma emocionante y entretenida. Trae varias situaciones cotidianas relacionadas con la familia, el dinero y otros aspectos. En este juego, el jugador debe tomar decisiones, pagar deudas y sufrir las consecuencias de sus elecciones.
¿No sientes a veces que tu vida es un juego de mesa? Ya sabes, ¡Jumanji! Como si hubiera alguien controlando las cosas. Pero, al final de cuentas, ¿quién tiene el control de la historia? ¿Quién mueve las piezas en el tablero de este juego de la vida?
Presentando a los jugadores
Jugador 1: “Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque no hay actividad ni propósito ni conocimiento ni sabiduría en el Seol adonde vas. Vi además que bajo el sol no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla; y que tampoco de los sabios es el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor, sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos” (Eclesiastés 9:10-11, LBLA).
La palabra suerte también puede entenderse como casualidad. Hay cosas que suceden que son mera casualidad, es decir, no tienen una explicación teológica, profética, científica, etc. Son coincidencias.
Jugador 2: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue… El enemigo que la sembró es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles” (Mateo 13:24-25, 39).
Hay muchas personas que, por falta de conocimiento o por miedo, niegan la existencia del diablo. Sin embargo, el propio Cristo no lo negó, sino que incluso dijo que es un enemigo que siembra las semillas de la maldad en el campo que es la tierra. Por lo tanto, podemos entender que hay cosas que suceden en la historia por la operación del diablo.
Jugador 3: “Lo único que he encontrado es que Dios hizo perfecto al género humano, pero éste se ha buscado demasiados problemas” (Eclesiastés, 7:29, RVC).
Aunque queramos culpar a otras personas, a Dios, a la vida e incluso al diablo, de muchos de nuestros fracasos, una cosa es segura, amigo: muchas cosas que nos suceden son todas responsabilidad nuestra. ¡Tomamos malas decisiones y luego queremos culpar a los demás! Aceptamos con gran alegría el hecho de que Dios es bueno y nos permite tomar decisiones, pero nos disgustamos ─y mucho─ cuando cosechamos las consecuencias, sin entender que en ello reside la justicia de Dios. Así que algunas cosas suceden por nuestras elecciones.
Jugador 4: “[Yo soy] el que hace la luz y crea la tiniebla, el que opera la paz y crea la desgracia. Yo, el Señor, hago todo esto.” (Isaías 45:7, NBLA).
Ahí está, ¡un texto difícil de la Biblia! Hay cosas que ocurren por acción humana, por azar y por el diablo. ¡Por supuesto! Pero ahora, ¿¡comprender que las cosas malas pueden ocurrir por la acción de Dios!? Esto es más complicado. Al fin y al cabo, en Dios no hay maldad (Salmo 5:4), y todo lo que viene de él es bueno (Santiago 1:17). Entonces, ¿cómo armonizamos estas dos afirmaciones?
Hay que entender la palabra “desgracia” ─o, como aparece en algunas versiones, “adversidad” o el “mal”─ dentro de su contexto histórico, cultural y literario. Solo a modo de información, el mal dentro de la filosofía puede entenderse de tres maneras:
- Moral: degradación de la moral.
- Calamidades: desgracias que ocurren.
- Subjetivo: una circunstancia/suceso que es o me hace mal a mí puede no serlo/hacerlo para ti.
Si leemos el texto de Isaías en su contexto adecuado, veremos que el mal que menciona el texto son las calamidades y no la degradación de la moral o la subjetividad. Dios, a través del profeta Isaías, está advirtiendo que traería conflictos o calamidades a Babilonia como consecuencia ─es decir, como un juicio─. Dios permitiría que el mal cayera sobre ella. Fíjate en que permitir y causar son dos cosas totalmente diferentes.
Ahí, amigo mío, están los cuatro jugadores que participan en el juego de la vida, y ten en cuenta que estos cuatro pueden estar moviendo simultáneamente las piezas de este tablero. La buena noticia es que Dios ya ha ganado la partida, y, si permanecemos a su lado, también seremos vencedores.
Puede ser que hoy no puedas identificar el origen de las cosas que han estado sucediendo en tu vida. Pero entiende que algunas cosas pueden estar sucediendo por casualidad o por el enemigo, o puedes estar cosechando las consecuencias de tus propias decisiones, o puede ser que Dios lo permita para tu salvación.
Elijas lo que elijas, espero que aproveches cada circunstancia, especialmente las malas, para ser moldeado y transformado. Y nunca olvides que Dios es demasiado sabio como para equivocarse y demasiado bueno como para no conceder lo mejor a quienes caminan con rectitud. Y no tenemos nada que temer sobre el futuro, a no ser que hayamos olvidado la forma en que Dios nos ha guiado en el pasado.
Encomienda al Señor tu camino y confía en él, porque él nunca te fallará.
Autor: Maiara Costa
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/jogo-da-vida/
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