Justificados y perfeccionados
Perdón
marzo 23, 2026
¿Cuál es la relación entre la justificación por la fe y la perfección cristiana?
Ángel M. Rodríguez
Están ciertamente relacionadas, pero no son lo mismo. Tengo que añadir que la perfección cristiana jamás puede ser concebida como una preparación para la justificación por la fe. Su pregunta requiere una definición de ambos conceptos y una clara comprensión de cómo somos salvados. Necesitamos mirar la obra de Cristo fuera de nosotros y en nosotros.
1. La obra de Cristo fuera de nosotros
He aquí un concepto soteriológico fundamental: Dios decidió salvarnos sin pedir nuestra opinión. Mucho antes de que nos creara, formuló un plan para restaurarnos a una comunión con él (Rom. 16:25, 26; Efe. 1:9, 10). En nuestra ausencia, el Señor tomó decisiones que nos afectarían: El Hijo de Dios se ofrecería a sí mismo para convertirse en humano (Juan 1:14, 15); ministraría a la humanidad sufriente para revelar el amor infinito de Dios (1 Juan 4:9); tomaría nuestro lugar y moriría, cargando nuestros pecados como nuestro sustituto (Rom. 5:8; 1 Juan 3:5; 4:10); después de ser enterrado y resucitado, ascendería al cielo para ser nuestro Sumo Sacerdote (Heb. 4:14, 15). Su sacrificio removería la barrera del pecado que nos separaba del Padre, posibilitando nuestro regreso a él (2 Cor. 5:19, 21). Dios hizo todo esto por decisión propia, sin consultarlo con nosotros.
Dios también decidió enviar el Espíritu Santo para rogarnos que aceptemos su obra de gracia para salvación (Juan 16:13). En todo esto, nuestra obediencia o desobediencia no juega papel alguno (Rom. 5:8; 1 Ped. 3:18). ¡Fue todo obra de Dios! Unilateralmente, Dios determinó que su Hijo regresaría a la Tierra para llevar a su pueblo a la casa de su Padre (Juan 14:1-3). También estableció que al momento de la segunda venida nos transformaría (1 Cor. 15:51-54) y nos sacaría de un ambiente caracterizado por el pecado, el sufrimiento y la muerte, para finalmente crear un nuevo cielo y una tierra nueva (Apoc. 21:1, 4). ¡Y todo esto sin costo alguno! Lo único que requiere de nosotros es que aceptemos el don de salvación mediante la fe en Cristo: la justicia de Cristo que nos es imputada/acreditada. En ese momento, somos libres del poder esclavizante del pecado (Gál. 6:15; Col. 1:13, 14).
2. La obra de Cristo en nosotros
Sobre la base de lo dicho, quiero sugerir que la obra de Cristo en nosotros no es lo que nos salva, sino que es más bien una manifestación de su poder, mediante su Espíritu, que procura restaurarnos a su imagen. Es el Espíritu que nos capacita para ser cada vez más semejantes al Hijo de Dios, mientras dependemos al mismo tiempo de su obra expiatoria por nosotros. De eso trata precisamente la perfección cristiana: de crecer diariamente en la gracia para ser como él es (1 Ped. 2:1-3, 21; 1 Juan 2:6), mientras que al mismo tiempo depositamos nuestra fe exclusivamente en la gracia perdonadora de Cristo para seguridad de nuestra salvación (1 Juan 2:1, 2). No se deberían confundir entre sí estos dos aspectos de la vida cristiana. Hay muchas razones para justificar nuestra necesidad de desarrollar un carácter como el de Cristo, pero una de las más importantes es hacer que nuestro servicio por los demás sea más efectivo (1 Juan 4:11; 1 Ped. 2:12). Entonces, los creyentes al ver nuestra «buena conducta […] en Cristo» se avergonzarán (1 Ped. 3:16, NVI). Pedro añade: «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido» (1 Ped. 4:10, NVI). Esta es nuestra respuesta de gratitud, impulsada por el Espíritu, a la gracia amante de Dios que nos otorga la vida eterna por medio de su Hijo.
Autor: Ángel Manuel Rodríguez es pastor, profesor y teólogo jubilado.
Fuente:
Adventist World, septiembre de 2021, p. 26. https://www.adventistworld.org/septiembre-2021/
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