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Ezequías y el día en que el sol retrocedió

Fe

marzo 18, 2026

Dios puede hacer milagros por medio de su voluntad, no de la nuestra.

Denis Versiani

“Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento declara lo que sus manos han hecho… Dios le ha dado al sol el cielo como hogar. Y como cuando sale un novio de la alcoba nupcial, o como cuando un atleta se dispone a recorrer su camino así sale feliz el sol para hacer su recorrido. Comienza su carrera en un punto del cielo y hace todo su recorrido hasta llegar al final; nada en la tierra puede escapar de su calor” (Salmo 19:1, 4-6, PDT). Cuando Dios creó los cielos y la tierra, él mismo estableció todas las leyes que rigen la existencia de todos los elementos constitutivos del universo, así como el sustento de la vida. Fue él quien estableció el universo por el poder de su palabra.

Ezequías, rey de Judá, reinó del 729 al 686 a. C., tras un periodo de gran apostasía en el reino de Judá perpetrado por su padre, el rey Acaz. Ezequías asumió el trono a la edad de 25 años e “hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todas las cosas que había hecho su padre David… Ezequías puso su esperanza en el Señor Dios de Israel. Ni antes ni después de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá, porque fue fiel al Señor y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que el Señor había mandado a Moisés” (2 Reyes 18:3, 5, 6). Ezequías emprendió una gran reforma espiritual en Judá y llevó al pueblo al plan original que Dios había trazado para Israel. El reinado de Ezequías estuvo marcado por una gran prosperidad y por impresionantes milagros, como la derrota y la muerte de Senaquerib, uno de los mayores emperadores de Asiria.

En el apogeo de su reinado, “Ezequías cayó enfermo de muerte. Entonces el profeta Isaías hijo de Amoz fue a él y le dijo: —Así ha dicho el Señor: ‘Pon en orden tu casa, porque vas a morir y no vivirás’” (Isaías 38:1). Nadie está preparado para morir, y así el mundo se le vino abajo a Ezequías. El relato bíblico dice que Ezequías oró para recordarle a Dios cuánto lo amaba y seguía sus mandamientos con todo su corazón. Pidió misericordia “y lloró mucho” (Isaías 38:2-4).

“Entonces la palabra del Señor vino a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: “Así ha dicho el Señor, Dios de tu padre David: ‘He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí que yo añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David” (Isaías 38:4-6).

En 2 Reyes 20:9-10, Ezequías pidió una señal del favor de Dios, al igual que hizo Moisés en Madián, Gedeón en presencia del Ángel del Señor y Eliseo justo antes de la ascensión de Elías. A menudo pedimos una señal a Dios para luego confiar en él. Este no fue el caso de Ezequías porque ya había experimentado el poder de Dios en su reinado. Ezequías pidió que le confirmaran si esa era la voluntad de Dios. Si no fuera así, lo seguiría sin cuestionar, incluso con dolor. Isaías preguntó: “¿Quieres que la sombra avance diez grados o que retroceda diez grados?” (2 Reyes 20:9, RVR1995). Ezequías pidió la más difícil, pues confiaba en que nada era imposible para Dios. “Y volvió el sol diez grados atrás, sobre los cuales ya había descendido” (Isaías 38:8, RVR1995; ver 2 Reyes 20:11), y Ezequías fue curado de su enfermedad.

Hagamos algunos cálculos sencillos. En un día solar de 24 horas, la Tierra realiza una rotación de algo más de 360º alrededor de su propio eje. Por lo tanto, cada hora son aproximadamente 15 grados de rotación. Si la sombra del sol retrocedió diez grados, eso significa que Dios invirtió el sentido de la rotación, ¡e hizo que todo un planeta retrocediera diez grados! Ese milagro añadió al menos 39 minutos y 50 segundos a ese día, sin contar el tiempo que tardó la Tierra en retroceder esos diez grados. Puede parecer poco a primera vista, pero no hay que olvidar que estamos hablando de un planeta de 12 742 km de diámetro, con una superficie de 510 millones de kilómetros cuadrados y una masa de 6000 trillones de toneladas, que gira a una velocidad de 1700 km/h, ¡con océanos y seres vivos en su superficie! Cuando Dios desaceleró esta Tierra, la hizo girar en sentido contrario, y la volvió a frenar para que volviera a su rotación normal, tuvo que sujetar los mares, la atmósfera, las montañas, los edificios y todo lo que se mueve, ¡sin dañar nada! Querido lector, Dios hizo un milagro que movió las fuerzas del universo para sanar a su siervo.

¿Sabes qué es lo más sorprendente de esto? Es que, como vimos al principio de este artículo, Dios estableció todas las leyes de existencia del universo. Un milagro ocurre cuando Dios, por su poder y autoridad, va más allá de esas leyes y actúa de manera dinámica para bendecir la vida de sus hijos. Nosotros no podemos hacerlo, pero Dios sí, ¡y sin dificultad!

Muchos cristianos acuden hoy a la iglesia con el objetivo de recibir bendiciones de Dios en su vida financiera, espiritual, psicológica, familiar, afectiva y de salud. Buscar bendiciones en la vida no es malo. Pero el problema es cuando hacemos de estos “milagros” el foco principal de la vida cristiana. Muchas personas cometen este error, y muchas iglesias falsas se valen de esto para obtener beneficios, ofreciendo milagros a cambio de ofrendas. Cuanto mayores sean las ofrendas, mayores serán los milagros. Si has actuado así para fortalecer tu fe en Dios, ¡ten cuidado! Es un grave error buscar las bendiciones del Señor en lugar de buscar al Señor de las bendiciones.

Aunque un milagro Dios puede usar un milagro para fortalecer la fe de los que creen en él, esa no es su función principal. Dios realiza milagros para confirmar una fe que ya ha sido ejercida por su hijo. Confía en el Señor: solo entonces se realizará el milagro. De este modo, los milagros deben servir de recuerdo para que podamos estar seguros de que “el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros; por eso nos alegramos” (Salmo 126:3). En la vida de Jesús, sus milagros eran signos de su ministerio mesiánico para salvar a los perdidos. En la vida de Ezequías, este milagro que movió el espacio exterior debe servir como un recuerdo de que Dios compensa la fidelidad de sus elegidos.

Sin embargo, debemos entender también que los milagros pueden ocurrir o no. Por lo tanto, nuestra fe no debe depender de los milagros para crecer. Una prueba de ello es el hecho de que el propio rey Ezequías, que durante su vida fue fiel al Señor, olvidó por completo lo que Dios había hecho. Merodac-Baladán (rey de Babilonia del 721 al 709 a. C.) fue una “piedra en el zapato” del Imperio asirio. Con firmeza, el guerrero buscó el apoyo de las naciones circundantes para formar una alianza contra Nínive. Tal vez por eso envió una comitiva real para visitar a Ezequías y saber más de este gran milagro (véase Isaías 39:1; 1 Reyes 20:12). En lugar de ensalzar el poder y la misericordia del gran Dios de Israel, Ezequías “les mostró toda la casa de sus tesoros: la plata, el oro, los perfumes y los ungüentos finos, su armería y todo lo que había en sus depósitos. No hubo cosa que Ezequías no les mostrara en su casa y en todos sus dominios” (2 Reyes 20:13). La fe y la gratitud dieron paso al orgullo y la vanidad en el corazón de Ezequías.

Ezequías admitió su error y se arrepintió amargamente del error que había cometido. Aunque volvió a Dios y recibió su perdón, su error produjo resultados desastrosos años después. Esta misma nación (Babilonia) que buscaba conocer mejor el poder de Dios se convirtió en el gran opresor de Judá. Las riquezas de Ezequías llenaron los ojos de los caldeos. Su exaltación fue la ruina de Judá, la cual fue invadida y su pueblo, asesinado y deportado de Jerusalén, y permaneció cautivo en Babilonia durante setenta años.

Querido lector, Dios puede hacer milagros por su voluntad, no por la nuestra. Si Dios considera necesario hacer una señal en tu favor, engrandece su nombre, no tu fe, porque incluso nuestra fe viene de Dios. En lugar de buscar las bendiciones del Señor, busca primero al Señor de las bendiciones: “Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33). “Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él hará” (Salmo 37:5).

¡Que Dios te bendiga!

Autor: Denis Versiani

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/ezequias-e-o-dia-em-que-o-sol-retrocedeu/

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