¿Por qué Melquisedec ofreció pan y vino a Abrahán?
Abrahán
junio 10, 2026
Fechado alrededor de 1800 a. C., es la primera vez que el pan y el vino se relacionan con una bendición sacerdotal.
Denis Versiani
En medio de las tinieblas espirituales y morales que impregnaban el mundo antiguo posdiluviano, Dios llamó a Abrahán para que siguiera sus caminos. Al establecer un pacto con él, Dios prometió que el patriarca sería el padre de una gran nación que llevaría el linaje del Mesías salvador (Génesis 12:1-9). Si Abraham seguía los caminos del Señor, sería una bendición para todas las familias de la tierra. Dios llamó al patriarca a residir en la tierra que le había sido prometida: Canaán.
En aquella época, Canaán estaba habitada por los descendientes de Cam, hijo de Noé. Eran los cananeos, los sidonios, los amorreos, los heveos, los gergeseos y los jebuseos, pueblos que se separaron de Dios y se hundieron rápidamente en la decadencia moral y espiritual, con las peores y más crueles formas de culto idolátrico.
Aunque estas naciones estaban en la oscuridad moral, el nombre de Dios no había sido olvidado. Todavía había personas y comunidades que adoraban solo a Dios, lo que demuestra que el verdadero culto aún permanecía en Canaán. Un ejemplo claro es el de “Melquisedec, rey de Salem” (Génesis 14:18). Su nombre en hebreo malkisédek significa ‘Rey de justicia’ (Hebreos 7:2).
En Canaán, el sistema de gobierno era el de las ciudades-estado, donde cada ciudad tenía una administración independiente. Melquisedec era rey de Salem, una ciudad-estado comúnmente relacionada con Jerusalén, mencionada en los escritos egipcios del siglo XIX a. C. Salem es una variación de la palabra shalom, que significa ‘paz’. En Hebreos 7:2, a Melquisedec se le llama rey de Salem, es decir, rey de paz.
Como rey y sacerdote, el gobierno y el ministerio de Melquisedec probablemente fueron respetados por todos los reyes de los alrededores. Bera, el rey de Sodoma, permitió que Melquisedec vaya adelante para encontrarse con Abraham después de la guerra (Génesis 14:20-24), tal vez porque reconocía la importancia de su sacerdocio.
Tanto en el relato del Génesis como en la Epístola a los Hebreos, Melquisedec se describe como una figura histórica simbólica. A diferencia de todos los personajes bíblicos preeminentes, no se menciona su linaje genealógico Melquisedec (Hebreos 7:3). Esto es importante porque los sacerdotes levitas necesitaban probar su ministerio a través de la genealogía de Aarón. Aunque el rey de Salem tenía padre y madre, no se los menciona. Tampoco se menciona su edad ni su muerte. Además, Abraham, el padre del pueblo de Israel entregó los diezmos a Melquisedec (Génesis 14:20), demostrando aquí la superioridad y preeminencia de su ministerio sacerdotal sobre los levitas.
El autor de Hebreos emplea figuras retóricas para ilustrar que el ministerio sacerdotal de Melquisedec, rey de Salem, es un tipo (un modelo) del ministerio de Jesús, quien preexistía en forma de Dios, pero nació de mujer y, como Hijo del Hombre, se ofreció una sola vez en sacrificio para la salvación eterna de todos los que creen en él. Jesús es el “Rey justo”, el “Rey de paz” y nuestro “Sumo Sacerdote” para siempre, que ejerce un sacerdocio superior al de los levitas.
La escena descrita en Génesis 14 es la de la guerra de la coalición de Abrahán contra Quedorlaomer y sus aliados, que atacaron Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar, y llevaron cautiva a su gente y sus posesiones, incluyendo a Lot, sobrino de Abraham. La guerra la ganaron Abrahán y los reyes de las cinco ciudades mencionadas, y recuperaron todas las posesiones y a la población ilesa. A su regreso, Abrahán se encontró con el rey de Sodoma en el valle de Save. Esto dio lugar a que Melquisedec celebrara una reunión simbólica.
“Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo” (Génesis 14:18-20). Esta escena, que tuvo lugar hacia el año 1800 a. C., es la primera en la que el pan y el vino se relacionan con una bendición sacerdotal. No se puede especular mucho sobre el significado de este acontecimiento. Pero puede ser que esta comida sea una señal de que Dios estaba bendiciendo a Abrahán y sellando visiblemente su pacto con el patriarca ante las naciones de Canaán. Esta era una comida comúnmente ofrecida a la realeza (1 Samuel 16:20). También era la comida que Dios, en la ley mosaica, determinó que se tomara como ofrenda en los sacrificios, holocaustos y ofrendas quemadas en cumplimiento de un voto u ofrenda voluntaria (Números 15:2-10).
Así que puede ser que el gesto de Melquisedec fuera simplemente una comida para reanimar las fuerzas del patriarca, recién regresado de la guerra, o puede indicar un sello visible de la alianza que Dios hizo con Abrahán. Años después, cuando Dios reafirmó su pacto con el patriarce, Abrahán creyó y se le consideró como justicia (Génesis 15).
El hecho es que este rito, que aparece en Génesis 14:18-20, se convirtió en una costumbre para Israel en el ministerio de los levitas, una sombra del ministerio sacerdotal de Cristo. En el kidush el pan y el vino estaban presentes en las comidas familiares de las fiestas israelitas. Estos elementos se convirtieron en la base de la Santa Cena, que pasó a simbolizar la renovación de la alianza entre la iglesia y Dios tras el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. El pan es el símbolo del cuerpo de Cristo, y el vino el símbolo de su sangre derramada para justificar al pecador (Mateo 26:26-30; ver 1 Corintios 11:23-25). Cabe señalar que el pan y el vino no adquirieron este significado en la Santa Cena. Ya en el santuario de Israel estos elementos poseían el significado sacrificial del Mesías que liberaría a Israel. Por supuesto, no podemos decir que la comida que Melquisedec dio a Abrahán tipificaba claramente el sacrificio de Cristo, pero debemos admitir que tiene un significado especial.
Ahora vamos a detenernos en la cuestión del vino. La palabra hebrea utilizada para “vino” es yáyin, un término genérico para cualquier bebida elaborada con uvas, ya sea vino fermentado o zumo de uva puro. Desgraciadamente, muchos cristianos utilizan este y otros pasajes bíblicos en los que aparece el “vino” para justificar el consumo de bebidas alcohólicas. Para resolver este impasse, necesitamos entender claramente lo que la Biblia dice sobre el vino.
La Biblia muestra claramente que Dios está en contra del consumo de bebidas alcohólicas. “El vino es petulante; el licor, alborotador; y cualquiera que por ellos yerra no es sabio” (Proverbios 20:1, RV1977). Salomón dice que todos los problemas morales, éticos y físicos se atribuyen a “los que se pasan con el vino y no cesan de catar bebidas”. No mires el vino cuando rojea: ¡Cómo brilla en la copa! ¡Qué suavemente entra! Pero al final muerde como serpiente, clava los dientes como víbora Tus ojos alucinarán, tu mente te hará decir tonterías; te sentirás como alguien flotando en alta mar, como quien se bambolea en la punta de un mástil” (ver Proverbios 23:29-33, BLPH).
La Biblia deja claro los efectos del vino alcohólico en los propios sacerdotes de Jerusalén durante el período de apostasía inminente hasta el cautiverio babilónico (Isaías 28:7, 8). Noé se emborrachó con vino y mostró su desnudez, algo considerado pecado por Dios (Génesis 9:20, 21; véase Génesis 3:7; Levítico 18:1-18). Pablo aconseja a Timoteo y a los ministros que no se apeguen al vino (1 Timoteo 3:3).
Ahora bien, como el texto bíblico no define cuál es la calidad del vino para cada situación relatada, debemos seguir el principio presentado por Dios. ¿Se alegraría Dios de ver a sus hijos borrachos, agitados, confundidos y perdidos? ¿Sería capaz Jesús de emborracharse con sus discípulos en la Santa Cena? ¿Habría Jesús, en las bodas de Caná, producido más de 600 litros de bebida alcohólica para ver a sus amigos sumidos en la indecencia y la embriaguez? En un ritual tan sagrado como el del santuario israelita, ¿los ministros de Dios llevarían el culto sagrado al desorden?
Está claro que Melquisedec no ofreció a Abraham vino fermentado. Por supuesto, Jesús ordenó a su iglesia usar jugo puro de uva en la Santa Cena. “Dios no es Dios de confusión, sino de paz”. Por lo tanto, tanto en el culto como en la vida religiosa o secular, “hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:33, 40). Estimado lector, no hay excusa que justifique la ingesta de alcohol, ni siquiera socialmente. Esto es pecado ante Dios, y nuestro Salvador no se complace en que destruyas tu cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Permite que Dios habite en tu vida, en un cuerpo limpio y sano, presentado como un sacrificio vivo, santo y agradable a él, en un culto racional.
¡Que Dios te bendiga!
Autor: Denis Versiani es magíster en Teología Pastoral.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/por-que-melquisedeque-ofereceu-pao-e-vinho-a-abraao/
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