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Base teológica para el diezmo: el diezmo de Jacob

Diezmo

julio 10, 2026

Como acto de adoración, devolver el diezmo renueva nuestra disposición constante de someter nuestra vida a la Fuente de todas las bendiciones y reafirma nuestra entrega incondicional a Dios. En este sentido, el diezmo es una representación concreta del pacto. 

Ángel Manuel Rodríguez

El compromiso de Jacob con Dios 

El Señor se apareció a Jacob en un sueño (Génesis 28:10-22) y se le reveló como un Dios amoroso que estaba dispuesto a bendecir, guiar y proteger al patriarca. En respuesta a esta revelación divina, Jacob hizo un voto prometiendo devolver los diezmos de todo lo que Dios le diera.

Poco antes de prometer el diezmo, Jacob dijo “entonces el Señor será mi Dios” (Génesis 28:21). Durante el sueño, el Señor prometió dar a Jacob una serie de cosas por su amor bondadoso. El Señor se reveló como el Dios de Abrahán e Isaac, pero el verdadero objetivo era convertirse también en el Dios de Jacob.

Entregar la vida a Dios en una relación de amor precede al acto de diezmar, porque el diezmo está inseparablemente ligado al Señor, le pertenece. El diezmo se basa en el reconocimiento de la intervención providencial de Dios en la vida de una persona. Sin esta experiencia previa de entrega, el diezmo pierde su propósito y se vuelve irrelevante y sin sentido.

El cuidado de Dios por Jacob

En el sueño, Dios se presenta como alguien que proveerá las necesidades de Jacob. Las promesas específicas revelaron de manera particular lo que el Señor estaba dispuesto a dar al patriarca…

Descendientes

Véase Génesis 28:14. Jacob estaba viajando solo, pero eso cambiaría en el futuro. Sus descendientes, dijo el Señor, “serán como el polvo de la tierra”. A través de él se cumplirían las promesas hechas a Abrahán. La implicación era que la procreación humana está en manos del Señor, y no bajo el control de la ley de reproducción humana.

Protección

Véase Génesis 28:15. La promesa de protección indicaba que Jacob vivía en un entorno hostil y no podía preservarse por sí mismo. Se le prometió lo que necesitaba: la dirección divina. Esto pone de relieve los límites del poder humano y la necesidad de confiar en el poder sobrehumano. La preservación de la vida está en última instancia en manos del Señor.

Tierras

Ver Génesis 8:13. Las tierras fueron uno de los regalos más importantes que el Señor dio a su pueblo. La tierra les proporcionó una identidad y, en gran parte, una fuente de riqueza y seguridad financiera. Esta promesa implicaba que la tierra pertenecía al Señor, no al pueblo, y que era Dios quien les proporcionaba seguridad financiera.

Bienes

Ver Génesis 28:20. Dios prometió a Jacob que le proporcionaría pan y vestido. Esto le trajo tranquilidad al viajero solitario.

Mediante esta promesa, el Señor se reveló a Jacob como el centro de la seguridad humana, la fuente suprema y única de las verdaderas bendiciones. Él es el poseedor de todo y da a cada persona lo que necesita según su amoroso deseo. Dios es el dueño, pero tiene una disposición natural a compartir sus bienes con los demás. Nótese la idea que se presenta en la forma en que se configuran las promesas en la frase. El Señor es siempre el sujeto:

“Te daré la tierra”.

“Yo estoy contigo”.

“Yo cuidaré de ti”.

“Te traeré de vuelta a esta tierra”.

“No te abandonaré”.

“Haré lo que he prometido”.

Dios se presenta aquí como Aquel que tiene el poder que Jacob necesitaba para realizarse, para llegar a ser lo que estaba destinado a ser. Ese era el poder de la presencia amorosa de Dios en su vida. Entonces Jacob dijo: “Y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22). Comprendió que todo lo que obtuviera en el futuro sería siempre un regalo de Dios. No tendría nada que no le hubiera sido dado por el Señor. Para él, el diezmo sería una expresión de gratitud, el reconocimiento de que no tenía nada.

Jacob hace un voto

Un voto era un acto muy solemne por el que uno se decidía a tomar a Dios en serio, confiando en su Palabra. Era una forma de expresar la fe en el Señor. En su voto, Jacob no negoció con Dios ni trató de sobornarlo. “El Señor ya le había prometido prosperidad, y este voto era la expresión de un corazón lleno de gratitud por la seguridad del amor y la misericordia de Dios”. A través del voto, Jacob tomó posesión de las promesas de Dios. De hecho, su “voto armonizaba con las promesas”. Todo lo que el patriarca había mencionado en su voto —protección divina, comida y ropa, regreso a su tierra con seguridad— Dios se lo había prometido. Estamos en lo cierto al concluir que, mediante el voto, Jacob tomaba a Dios en serio y aceptaba sus generosas ofrendas. El diezmo es parte del voto, pero, si el diezmo pertenece al Señor, entonces ¿por qué hacer un voto prometiendo devolvérselo? Se pueden dar varias razones:

– Al hacer el voto, Jacob reconoció que el diezmo era del Señor. De lo contrario, podría haber tenido la tentación de considerar simplemente el diezmo como parte de sus ingresos y devolverlo a Dios cuando quisiera. En realidad, este voto era un testimonio de la santidad del diezmo.

– Al hacer el voto, Jacob expresó su libre decisión de devolver el diezmo al Señor. Dios no le obligó a hacerlo. Los votos en la Biblia son siempre actos voluntarios basados en la acción del Espíritu en el corazón del individuo. El voto de Jacob significaba que había elegido voluntariamente devolver al Señor lo que le pertenecía.

– Al hacer el voto, Jacob aceptó el desafío de Dios de confiar en él o probarlo (Malaquías 3:10). Dios había hecho promesas a Jacob esperando que las aceptara y creyera. Esto requirió que Jacob entrara en una relación de confianza con el Señor.

El voto es el acto más solemne por el que una persona expresa su confianza en el Señor. Es la fe que alcanza la madurez. En el caso de Jacob, el diezmo era parte de su entrega de fe al Señor. Su voto deja claro que las bendiciones de Dios preceden al diezmo y que, por tanto, no es un medio para obtener el favor de Dios.

Jacob adoró

El diezmo se menciona en esta historia en un contexto de adoración. Jacob se enfrentó a la gloriosa presencia de Dios y lo adoró. Eso es la adoración: una respuesta reverente a la presencia de Dios. El lugar en el que tuvo el sueño se convirtió en un lugar de adoración, la casa del Señor. El diezmo es una parte integral del acto de adoración. Una lectura de los versículos 21 y 22 del capítulo 28 indica que el voto de Jacob incluye tres componentes básicos:

– compromiso con el Señor (“El Señor será mi Dios”);

– culto (el lugar se convirtió en un “centro de adoración”);

– diezmar (según lo que Dios le dio).

Diezmar solo tiene sentido dentro de este marco teológico. El elemento más importante de esta historia es el hecho de que el diezmo está precedido por la revelación de Dios como una Persona solícita y amorosa, siempre dispuesta a bendecir y preservar la vida de su siervo. Jacob descubrió que toda bendición material y espiritual se encuentra en el Señor cuya disposición natural es bendecir en abundancia…

Si hay un voto es porque la relación con el Señor es formal y la entrega es permanente. Como acto de adoración, devolver el diezmo renueva nuestra disposición constante de someter nuestra vida a la Fuente de todas las bendiciones y reafirma nuestra entrega incondicional a Dios. En este sentido, el diezmo es una representación concreta del pacto.

Autor: Ángel Manuel Rodríguez, Teologia dos Dízimos e Ofertas, pp. 49-53.

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:  https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/base-teologica-para-o-dizimo-o-dizimo-de-jaco/

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