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Jesucristo: ¿un plagio?

Jesús

febrero 21, 2025

Encuentra aquí un análisis de las diferencias y semejanzas sobre la historia de Jesús y los dioses de la mitología y saca tus conclusiones de este debate.

Marina Garner Assis

En junio de 2007 se publicó un vídeo de 122 minutos llamado “Zeitgeist” y en noviembre de ese mismo año ya había alcanzado los ocho millones de visitas. Este documental ganó el premio a la mejor película en el festival Artivist de California en 2007 y 2008.1 En la primera parte de Zeitgeist, dividida en tres grandes bloques, se propone que el Jesús histórico no es más que un plagio de las mitologías de los antiguos pueblos paganos. Los apóstoles habrían utilizado historias ya conocidas en la época y creado un personaje muy similar, escribiendo así cuatro evangelios sobre este “otro dios mitológico”.

A continuación, veremos en qué consiste este intenso debate. Sin embargo, antes mencionaremos algunos de los dioses mitológicos seguidos de sus aparentes similitudes con Jesucristo:

Horus, dios egipcio: Nació el 25 de diciembre de una virgen. Su nacimiento estuvo acompañado por una estrella en oriente. Recibió adoración de tres reyes. Fue maestro a los 12 años y bautizado a los 30 años. Tuvo 12 discípulos. Obró milagros. Fue traicionado, crucificado y asesinado, y a los tres días resucitó. Fue considerado hijo de Dios, caminó sobre el agua y se transfiguró en una montaña.

Atis, dios frigio: Nació de una virgen el 25 de diciembre y fue considerado hijo de Dios y salvador. Fue asesinado por la humanidad. Su “cuerpo” como pan era comido por los adoradores. Era a la vez hijo y padre divino. Un viernes fue crucificado en un madero y resucitó a los tres días como “dios todopoderoso”.

Krishna, dios hindú: Nació de una virgen el 25 de diciembre. Su padre terrenal fue carpintero. Su nacimiento estuvo señalado por una estrella en oriente. Lo visitaron unos pastores que le entregaron un regalo. Fue perseguido por un tirano que ordenó el asesinato de niños. Obró milagros y maravillas. Utilizó parábolas para enseñar a la gente la caridad y el amor. Se transfiguró ante sus discípulos. Fue crucificado a los 30 años, y resucitó y ascendió al cielo. Era la segunda persona de la “trinidad” y regresará en un caballo blanco para el día del juicio.

Dioniso, dios griego: Nació de una virgen el 25 de diciembre. Era un maestro viajero que obraba milagros. Montó en un asno durante una procesión. Convertía el agua en vino. Se le llamaba “rey de reyes” y “dios de dioses”. Se le consideraba “hijo de dios”, “hijo único”, “salvador”, “redentor”, “ungido” y el “alfa y omega”. Se le identificaba como cordero y fue colgado en un madero.

Teniendo en cuenta todo esto, podríamos preguntarnos, como Timothy Freke y Peter Gandy, dos destacados defensores de la teoría del mito del Jesús pagano: “¿Por qué consideramos como fábulas las historias de salvadores como Osiris, Dionisio, Adonis, Atis, Mitra y otros dioses paganos, y, sin embargo, cuando encontramos esencialmente la misma historia contada en un contexto judío, creemos que es la biografía de un carpintero de Belén? “2.

Pasemos, pues, al examen de las acusaciones y a la confirmación —o no— de su fiabilidad.

Nacimiento virginal

El centro de todo desacuerdo sobre los paralelismos entre el nacimiento virginal de los dioses paganos y el de Jesús comienza en su definición. Según el relato de Mateo y Lucas, la descripción que encontramos del nacimiento de Jesús es la de María virgen y Jesús engendrado por la operación del Espíritu Santo. Sin embargo, no existe ningún relato entre las religiones mistéricas que recuerde esta situación. Los críticos definen el nacimiento virginal como la fecundación resultante del matrimonio sagrado (entre una pareja de dioses) o el fruto del acto sexual entre un dios disfrazado de ser humano y una mujer mortal (hierós gámos [matrimonio sagrado]).

En una de las historias de Dionisio, Zeus se presentó ante Perséfone en forma de serpiente y la dejó embarazada, por lo que técnicamente esta perdió su virginidad. En la versión más conocida, Zeus se enamoró de Sémele, princesa de la casa de Times. El dios olímpico acudió a ella disfrazado de hombre mortal y pronto Semele quedó embarazada. Hera, reina de Zeus, encendida de celos, se disfrazó de anciana y fue a casa de Sémele. Cuando Sémele reveló su romance con Zeus, Hera sugirió que la historia de que Zeus era el rey de los dioses podía ser mentira y que tal vez él era un simple mortal que se inventó la historia para conseguir que ella se acostara con él. Cuando Zeus volvió a visitarla, solo le pidió una cosa. Zeus juró que le daría lo que ella quisiera. “Aparécete a mí como te apareces a Hera”. De mala gana, pero fiel a su palabra, Zeus apareció en toda su gloria, reduciendo a Semele a cenizas. Hermes rescató al feto y se lo llevó a Zeus, que se lo cosió al muslo y tres meses después dio a luz a Dioniso.3

Es evidente que la historia no es comparable con el relato bíblico y, además, solo existen relatos postcristianos. Los antiguos dioses y diosas eran típica y muy explícitamente sexuales y activos, entre otras cosas porque, para el mundo antiguo, la grandeza se asociaba comúnmente con la generación física de un dios. Este elemento está completamente ausente del relato de la concepción virginal de Jesús.

En el mito de Horus, el engaño continúa. Según la Encyclopedia of Mythica, después de que Osiris (el padre de Horus) fuera asesinado y mutilado en 14 pedazos por su hermano Set, la esposa de Osiris, la diosa Iris, “recuperó y volvió a ensamblar el cuerpo y, en relación con ello, asumió el papel de diosa de la muerte y de los derechos funerarios”. Isis quedó embarazada del cuerpo de Osiris y dio a luz a Horus en los ríos de Khemnis, en el delta del Nilo.4

El relato está muy alejado de la realidad bíblica, a pesar de que una concepción necrófila es milagrosa. Incluso en la imagen encontrada en Luxor, con Toth anunciando a Isis que concebiría a Horus, el orden es primero concepción y luego anuncio, mientras que los evangelios afirman primero anuncio y luego concepción.

En la investigación de Raymond Brown relativa a las narraciones sobre el nacimiento de Jesús, evalúa los ejemplos de “nacimientos virginales” no cristianos, y su conclusión es la siguiente: “En resumen, no hay ningún ejemplo claro de concepción virginal en el mundo o en las religiones paganas que plausiblemente pudiera haber dado a los cristianos judíos del siglo I la idea de la concepción virginal de Jesús”5.

Resurrección

Según Pablo, el mayor fundamento de la fe cristiana es la creencia en la muerte y resurrección de Jesús (1 Corintios 15:13, 14). Incluso al principio del capítulo de 1 Corintios 15, los exégetas del Nuevo Testamento encuentran fuertes pruebas para defender la realidad del hecho de la resurrección. Y fue precisamente en esta piedra angular donde los críticos aprovecharon para trazar paralelismos con personajes de religiones mistéricas y deidades que habrían experimentado la muerte y la resurrección.

No es si no hasta el siglo III d. C. cuando encontramos material suficiente sobre las religiones mistéricas para permitir una reconstrucción relativa de su contenido. Muchos escritores utilizan este material (posterior al año 200 d. C.) para formular reconstrucciones de las religiones mistéricas de los siglos anteriores. Sin embargo, esta práctica es extremadamente antiacadémica y no puede permanecer sin ser cuestionada6.

De hecho, según Pierre Lambrechts, los textos que hacen referencia a la resurrección son muy tardíos, del siglo II al IV d. C.7 La aparente resurrección de Adonis, por ejemplo, ni siquiera cuenta con evidencia, ni en los textos antiguos ni en las representaciones pictográficas. En cuanto a la resurrección de Atis, no hay indicios de que fuera un dios resucitado, sino hasta después del año 150 d. C.8

También está el famoso caso de la supuesta resurrección del dios Osiris. La versión más completa del mito de su muerte y resurrección se encuentra en Plutarco, que escribió en el siglo II d. C. Según la versión más común del mito, Osiris fue asesinado por su hermano, que lo hundió en un ataúd en el río Nilo. Isis descubrió el cuerpo y se lo llevó de vuelta a Egipto. Pero su cuñado volvió a acceder al cadáver, esta vez desmembrándolo en 14 trozos, que tiró a la basura. Tras mucho buscar, Isis recuperó todas las piezas del cuerpo. Es en este punto donde el lenguaje utilizado para describir lo que siguió es crucial. A veces, quienes cuentan la historia se contentan con decir que Osiris volvió a la vida, aunque esto vaya mucho más allá de lo que el mito les permite decir. Algunos autores van incluso más lejos al hablar de la “resurrección” de Osiris. Isis restaura el cuerpo de Osiris y este es colocado como dios del mundo de los muertos. Roland de Vaux complementa diciendo:

“¿Qué significa que Osiris se ha ‘levantado para vida’? Simplemente que, gracias a la ministración de Isis, pudo llevar una vida de ultratumba que es casi una réplica perfecta de la existencia terrenal. Pero nunca volverá a habitar entre los vivos y solo reinará sobre los muertos… Este dios revivido es, en realidad, un dios ‘momia'”.9

Cambiando de deidades, otra muy mencionada por su supuesta historia de reaparición de entre los muertos es la de Cibeles y Atis. Cibeles era una figura muy venerada en el mundo helenístico; antiguamente, el rito incluía un frenesí en los adoradores masculinos que los llevaba a castrarse.

Encontramos especialmente tres mitos diferentes con respecto a la vida de Atis. Según uno de los mitos, Cibeles amaba a un pastor de ovejas llamado Atis. Como Atis le fue infiel, ella lo llevó a la locura. Dominado por la locura, Atis se castró y murió. Esto le produjo a Cibeles un fuerte dolor e introdujo la muerte en el mundo natural. Pero entonces Cibeles devolvió la vida a Atis, un acontecimiento que también trajo vida al mundo de la naturaleza. Las presuposiciones del intérprete tienden a determinar el lenguaje utilizado para describir lo que sigue a la muerte de Atis. Se refieren a ella descuidadamente como la “resurrección de Atis”. No hay nada parecido a una resurrección corpórea en el mito, que sugiere que Cibeles solo pudo preservar el cuerpo muerto de Atis, es decir, que vuelve a la vida de forma prácticamente vegetativa, ya que el mito menciona que el vello de su cuerpo siguió creciendo y que movió uno de sus dedos. En algunas versiones del mito, Atis vuelve a la vida en forma de árbol. Ni en este ni en los otros tres relatos encontramos muerte y resurrección ni nada parecido a lo que vemos en los evangelios.

Solo en celebraciones posteriores de los romanos (después del año 300 d. C.) ocurrió algo remotamente parecido. El árbol que simbolizaba a Atis fue cortado y enterrado en el interior de un santuario. En la otra noche se abrió la “tumba” del árbol y se celebró la “resurrección” de Atis. Sin embargo, el lenguaje es ambiguo y los detalles sobre el culto son remotos; todo el material es muy tardío.

En las comparaciones con Krishna, las respuestas son aún más fáciles de dar. Según los expertos en hinduismo, Krishna murió a manos de un cazador que le disparó accidentalmente en el talón. Murió y ascendió. No hubo resurrección y nadie le vio ascender. Aunque el mito de la ascensión de Krishna provoque cierta incomodidad, puede resolverse rápidamente con las afirmaciones de Benjamin Walker, en su libro The Hindu World: an Encyclopedia Survey of Hinduism: “No cabe duda de que los hindúes tomaron prestados los cuentos [del cristianismo], pero no el nombre”.10

Dado que estos paralelismos proceden del Bhagavata Purana y del Harivamsa, Bryant cree que el Bhagavata Purana es “anterior al siglo VII d. C. (aunque algunos estudiosos lo consideran del siglo XI d. C.)”, y que el Harivamsa se compuso entre los siglos IV y VI.

Aunque resulte chocante para las mentes religiosas occidentales, es de sentido común dentro de la historia de las religiones que la inmortalidad no es una característica básica de la deidad. Los dioses mueren. Algunos dioses simplemente desaparecen, otros vuelven más tarde y otros reaparecen con frecuencia. Todas las deidades que han sido identificadas como parte de la clase de deidades que mueren y resucitan pueden clasificarse en dos grandes clases: dioses que desaparecen y dioses que mueren. En el primer caso, las deidades regresan, pero no habían muerto, y, en el segundo, los dioses mueren, pero no regresan. Para la concepción judía, ninguno de estos paralelos resucitó de entre los muertos, y para muchos eruditos de hoy la pregunta pende sobre si existe literalmente algún dios que hubiera experimentado la muerte y la resurrección. Una cita muy interesante explica la realidad de la teoría:

“Desde la década de 1930… se ha desarrollado un consenso según el cual los ‘dioses que mueren y resucitan’ murieron, pero no volvieron a la vida o resucitaron nuevamente… Los que piensan de otro modo son vistos como miembros residuales de especies casi extinguidas”.11

Otras diferencias sustanciales

Hemos analizado brevemente y en sus principales aspectos las semejanzas y diferencias entre Jesús y los dioses de muerte-resurrección y de las religiones mistéricas. A continuación, mencionaremos otras diferencias resaltantes que no podían pasar desapercibidas:

1. En todos los casos de dioses que mueren, estos lo hacen por obligación y no por elección, a veces por orgullo o desesperación, pero nunca por amor sacrificial.12

2. No hay pruebas de religiones mistéricas insertas en la Palestina de las tres primeras décadas del siglo I. No habría habido tiempo suficiente para que los discípulos se dejaran influenciar por los misterios si estuvieran dispuestos a ello, lo que no fue el caso. Cuando la influencia de los misterios llegó a Palestina, principalmente a través del gnosticismo, la Iglesia primitiva no aceptó, sino que rechazó enérgicamente los mitos paganos. La falta de sincretismo dificulta la concepción.

3. Los dioses que mueren y resucitan, según los mitos, nunca murieron ocupando el lugar otra persona (vicariamente), y nunca anunciaron morir por el pecado. La idea de un pacto sustitutivo en favor del hombre es totalmente exclusiva del cristianismo. Además, Jesús murió una sola vez por todos los pecados, mientras que los dioses paganos eran a menudo dioses de la vegetación que imitaban los ciclos anuales de la naturaleza, apareciendo y muriendo varias veces.

4. Jesús murió voluntariamente y su muerte fue una victoria y no una derrota. Ambos aspectos son contrarios a los conceptos paganos.13

5. La similitud no prueba la dependencia. Los movimientos sociales y religiosos suelen compartir formas de expresión o prácticas similares. No es de extrañar que encontremos paralelismos en cualquier religión con respecto a la vida después de la muerte, la identificación con una deidad, los ritos de iniciación o un código de conducta. Si una religión desea atraer adeptos, debe apelar a las necesidades y deseos universales de los seres humanos. Pero eso no indica dependencia. ¿En qué cultura, por ejemplo, la imagen de lavarse en el agua no significa purificación? Sin embargo, lo que importa no es la similitud de las palabras y las prácticas, sino los significados que se les atribuyen. Para demostrar la dependencia es necesario demostrar la semejanza en la esencia y no solo en la forma. Los escritores suelen exagerar las similitudes formales mientras ignoran las diferencias esenciales entre la historia de Jesús y los variados mitos paganos.

6. Los paganos de esa época no se confundían en cuanto a la exclusividad de la iglesia, y llamaban “ateos” a los cristianos por su falta de voluntad fundamental de transigir o sincretizar. Como explica J. Machen, los cultos mistéricos no eran excluyentes: “Un hombre podía ser iniciado en los misterios de Isis o Mitra sin tener que renunciar a sus creencias anteriores; pero si quería ser recibido en la Iglesia, según la predicación de Pablo, debía renunciar a todos los demás salvadores por el Señor Jesucristo… Ante el sincretismo imperante del mundo grecorromano, la religión de Pablo, como la religión de Israel, permanece absolutamente distinta.

7. La cronología está mal. Las creencias básicas del cristianismo existían en el siglo I, mientras que el pleno desarrollo de las religiones mistéricas no tuvo lugar hasta el siglo II. Históricamente, es muy improbable que se cualquier encuentro entre el cristianismo y las religiones mistéricas paganas se produjeran recién en el siglo III. Hasta la fecha no existen pruebas arqueológicas de la existencia de religiones mistéricas en la Palestina de principios del siglo I.15 La historia de las influencias puede dividirse en tres períodos: (1) primer período (1-200 d. C.), las religiones mistéricas estaban restringidas y no tenían influencia sobre otras religiones. Si hay alguna influencia, es en sentido contrario: el cristianismo influyó en los cultos; (2) segundo periodo (201-300 d. C.. ), después de que el cristianismo se hubiera extendido por todo el mundo romano, las religiones mistéricas se volvieron más eclécticas, suavizando las duras doctrinas y ofreciendo conscientemente una alternativa al cristianismo (el culto de Cibeles aparece ofreciendo la eficacia del baño de sangre, que solía ser de 20 años, por un periodo que va desde los 20 años hasta la eternidad), y compitiendo con el cristianismo; (3) tercer periodo (301-500 d. C.), el cristianismo empezó a adoptar la terminología y los ritos de los cultos mistéricos (por ejemplo, 25 de diciembre).16

8. Como judío devoto, el apóstol Pablo nunca habría considerado tomar prestadas sus enseñanzas de religiones paganas (Hechos 17:16; 19:24-41; Romanos 1:18-23; 1 Corintios 10:14), ni tampoco Juan (1 Juan 5:21). No hay la menor prueba de creencias paganas en sus escritos.

9. Como religión monoteísta con un cuerpo doctrinal coherente, el cristianismo difícilmente podría haber tomado prestado de un paganismo politeísta y doctrinalmente contradictorio.

10. Los críticos parecen ignorar por completo el trasfondo hebreo del cristianismo. Casi no se presta atención al rico trasfondo hebreo del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo. Términos como “misterio”, “cordero sacrificado” y “resurrección”, en lugar de proceder de mitos paganos, como sugieren los escritores, se basan en creencias judías recogidas en el Antiguo Testamento. Además, los Rollos del Mar Muerto han arrojado mucha luz sobre prácticas judías que se esconden tras el Nuevo Testamento, como el bautismo, la comunión y los obispos.

11. El cristianismo se basa en hechos históricos, no en mitos. La muerte de los dioses mistéricos aparece en dramas místicos sin ninguna conexión histórica. La Iglesia primitiva creía que proclamaba la muerte y resurrección de Jesús como hechos irrefutables y que se basaba en un acontecimiento histórico verídico. Esto hace absurdo cualquier intento de derivarlo de relatos míticos y no-históricos de cultos paganos.

12. Si hubo algún préstamo, fue en la otra dirección. A medida que el cristianismo crecía en influencia y se expandía, los sistemas paganos, reconociendo la amenaza, probablemente adoptaron algunos elementos del cristianismo. Por ejemplo, el rito pagano de bañarse en sangre de toro (taurobólium) tenía inicialmente una eficacia espiritual de 20 años. Pero en cuanto comenzó la “competencia” con el cristianismo, el culto de Cibeles aumentó la eficacia de su rito “de 20 años a la eternidad “17, casi equiparándose a la eternidad prometida a los cristianos.

13. El contenido moral del amor y la compasión, la bondad y las obras de caridad eran completamente diferentes. La forma cristiana de humildad, que permitía al prójimo dar la mejilla dos veces, y el propio ejemplo de Jesús usando su poder solo para el bien, difieren seriamente de lo que vemos en la mitología pagana.

La conclusión de la falta total de argumentos fiables y creíbles es clara y obvia, y en palabras de Ronald Nash: “Los esfuerzos liberales que buscan desacreditar la singular revelación cristiana mediante los argumentos de la influencia de las religiones paganas quedan rápidamente destruidos luego de una comprobación exhaustiva de la información disponible. Está claro que los argumentos liberales exhiben un academicismo increíblemente malo, y seguramente esta conclusión está siendo demasiado generosa”.18

Está claro que la mejor conclusión la brinda el libro en el que encontramos la verdadera revelación de la verdad y la fuente del misterio de la vida, muerte y resurrección de Jesús: la Santa Biblia. Porque “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Autora: Marina Garner Assis. bachiller en Teología por la UNASP.

Referencias

1. Información extraída del sitio web https://www.zeitgeistmovie.com, dia 11/05/2009.

2. Timothy Freke y Peter Gandy, The Jesus Mysteries, Three Rivers Press (Setembro, 2001), p. 9.

3. Barry Powell, Classical Myth (3ª ed.), PrenticeHall (New Jersey, 2001), p. 250.

4. Mich F. Lindemans, Encyclopedia of Mythica. Artículo publicado en 21 de mayo de 1997 en el website: https://www.pantheon.org/articles/i/isis.html (acessado dia 23/08/09).

5. Raymond E. Brown, “The Birth of the Messiah”, Anchor Bible (1999), p. 523.

6. “A summary critique the mythological Jesus mysteries a book review of ‘The Jesus Mysteries: Was the ‘Original Jesus’ a Pagan God?”, por Timothy Freke y Peter Gandy, Christian Research Journal, v. 26, nº 1 (2003).

7. P. Lambrechts, “La Resurrection de Adonis”, en Melanges Isadore Levy (1955), p. 207-240, citado em Edwin Yamauchi, “The Passover plot or Easter triumph?”, en J. W. Montgomery, (ed.), Christianity for the Tough-Minded (Minneapolis: Bethany, 1971).

8. Ibid.

9. Roland de Vaux, The Bible and the Ancient Near East, Doubleday (1971), p. 236.

10. Benjamin Walker, The Hindu World: an Encyclopedic Survey of Hinduism, v. 1 (New York: Praeger, 1983), p. 240, 241.

11. Tryggve N. D. Mettinger, The Riddle of Resurrection: “Dying and Rising Gods” in the Ancient Near East (Stockholm, Sweden: Almquist & Wiksell International, 2001), p. 4, 7.

12. J. N. D. Anderson, Christianity and Comparative Religion (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1977), p. 38.

13. Ronald H. Nash, Christianity & the Hellenistic World (Grand Rapids, MI: Zondervan/Probe, 1984), p. 171, 172.

14. J. Gresham Machen, The Origin of Paul’s Religion (New York: Macmillan, 1925), p. 9.

15. J. Ed Komoszewski, M. James Sawyer, Daniel B. Wallace, Reinventing Jesus (Kregel Publications, 2006), p. 231.

16. Ibid., p. 232, 233.

17. Nash, Christianity & the Hellenistic World, p. 192-199; citando Bruce Metzger sobre el culto de Cibeles.

18. Ronald Nash, “Was the New Testament influenced by pagan religions?, Christian Research Journal (Invierno 1994) p. 8.

19. Hechos 4:12.

Fuente: https://www.perguntas.criacionismo.com.br/2010/06/jesus-um-plagio.html  

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: 

https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/jesus-cristo-um-plagio/

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