El significado y la importancia de la oración
ORACIÓN
febrero 5, 2025

Cuando reducimos la oración a una mera magia, trivializamos a Dios, y creamos una imagen y un concepto caricaturescos de Dios.
Pr. Adolfo Suárez
A lo largo de los siglos, los cristianos sinceros han utilizado el recurso de la oración para alimentar la comunión con Dios y obtener de él una guía para su caminar diario. Pero ¿cuál es el sentido de la oración? ¿Cuál es su importancia? ¿Cómo orar?
¿Qué no es orar?
A veces es útil entender algo por lo que no es. Hagamos esto con la oración para entenderla un poco mejor.1
En primer lugar, la oración no es mágica, una especie de palabra o gesto que garantice el resultado que esperamos. Cuando reducimos la oración a una mera magia, trivializamos a Dios, y creamos una imagen y un concepto caricaturescos de Dios. Cuando Jesucristo nos enseñó que, si pedimos en su nombre, él responderá a nuestra petición (Juan 14:13), sin duda estaba hablando de algo mucho más profundo que simples fórmulas o recetas que mágicamente conducen a un resultado. Jesús estaba hablando de su carácter como modelo y referencia para una oración eficaz.
Además, la oración no es algo que dependa de un comportamiento extra, mejor, o de una espiritualidad extra. No es algo que dependa de nosotros. La Biblia dice claramente que sobre la faz de la tierra “no hay un solo justo” (Romanos 3:10, NVI). Por el contrario, la bondad de Dios depende exclusivamente de du gracia (Efesios 2:8).
En tercer lugar, la oración no es algo que pueda comprenderse fácilmente. De hecho, no podemos sistematizar, predecir ni condicionar el modo en que Dios actúa (Juan 3:8). Podemos incluso compartir con Dios nuestras expectativas sobre nuestras oraciones, pero la forma en que él responderá depende de su poder, su creatividad y su voluntad. Como dice Elena de White: “Nuestro Padre celestial tiene mil maneras de las cuales nada sabemos. Los que aceptan el principio sencillo de hacer del servicio de Dios el asunto supremo, verán desvanecerse sus perplejidades y extenderse ante sus pies un camino despejado”2.
Hablar con Dios
El Dr. Bernard Lall advierte que muchas personas “consideran la oración como un proceso unidireccional”3. Debido a esta concepción, treinta segundos o un minuto de monólogo insípido es suficiente para empezar o terminar el día. Al fin y al cabo, orar es simplemente dirigir la palabra al Creador del universo. Nada puede ser más falso que este concepto de la oración como un proceso unidireccional.
De hecho, la oración es un proceso comunicativo bidireccional, descrito perfectamente por David: “Señor, tú escuchas mi voz cada mañana en oración; cuidadosamente te presentaré mi caso y esperaré atentamente tu respuesta” (Salmo 5:3, PDT). Cabe destacar dos aspectos de la expresión davídica relativa a la oración: nosotros hablamos a Dios y él nos habla a nosotros. Esta verdad también fue subrayada por el profeta Jeremías: “Clama a mí, y yo te responderé” (Jeremías 33:3). Así pues, la oración es una conversación con Dios que requiere tiempo y disposición. Pero ¿cómo podemos oír la voz de Dios?
Elena de White dice: “Sería bueno que cada día dedicásemos una hora de reflexión a la contemplación de la vida de Cristo. Debiéramos tomarla punto por punto, y dejar que la imaginación se posesione de cada escena, especialmente de las finales. Y mientras nos espaciemos así en su gran sacrificio por nosotros, nuestra confianza en él será más constante, se reavivará nuestro amor, y quedaremos más imbuidos de su Espíritu. Si queremos ser salvos al fin, debemos aprender la lección de penitencia y humillación al pie de la cruz”.4
¿Cómo oímos la voz de Dios? A esta pregunta la respuesta es simple y directa: debemos dedicar a la oración tiempo en cantidad y calidad. En el proceso, nuestra disposición mejorará sin duda. Solo entonces seremos capaces de discernir la voz de Dios.
¿De qué hablar con Dios?
En el proceso de iniciar una amistad con Dios, muchos cristianos se enfrentan a este dilema: “No puedo orar durante mucho tiempo. Uno o dos minutos son suficientes. No tengo más tema de conversación…”. Creo que esta es la realidad de muchas personas. ¿Qué hay que hacer?
En el proceso de formación y cultivo del discipulado, la Biblia ocupa un lugar fundamental. Por eso, sugiero que, además de tratar cuestiones particulares de la vida, la oración se sustente en un diálogo basado en la Palabra de Dios. Y podemos hacerlo de varias maneras. Una de ellas es formular preguntas a Dios y permitir que el Espíritu Santo nos responda a través de las Escrituras.
Practiquemos esto: después de leer el capítulo o los versículos elegidos para tu culto personal, inicia una conversación con Dios haciéndole las siguientes preguntas:
> ¿Qué quiere decirme el Señor en este texto que acabo de leer?
> ¿Por qué me está diciendo esto el Señor?
> ¿Cómo se aplica a mi vida la enseñanza de hoy?
> ¿Cómo puedo practicar e incorporar hoy a mi vida las enseñanzas que he aprendido de su Palabra?
Las preguntas anteriores constituyen elementos de nuestra conversación con Dios. Y las respuestas requieren reflexión y tiempo. Cuida que las respuestas no sean meramente subjetivas, sino que se basen en el texto leído y “traducido” a nosotros por el mismo Espíritu Santo que se lo reveló al escritor bíblico. Y recuerda que la oración es un proceso de comunicación bidireccional: nosotros hablamos a Dios y él nos habla a nosotros. No permitamos que la oración sea tan rápida y apresurada que dejemos a Dios, nuestro Creador, hablando solo mientras le damos la espalda porque no hemos aprendido a darle tiempo de calidad y cantidad.
El ejemplo de Jesucristo
Jesucristo es nuestro mayor y mejor ejemplo de una vida de oración. Podemos aprender muchas cosas de él como discípulos suyos, pero quiero destacar solo tres aspectos de su vida de oración.5
En primer lugar, Jesús oró a Dios como su Padre, y utilizó el término abba [‘papá’], mostrando que se consideraba un hijo amado de Dios. De esto aprendemos que necesitamos tener intimidad con Dios. Muchas oraciones no son más que monólogos fríamente formales, precisamente porque no conocemos a nuestro Padre, porque no tenemos familiaridad con el Dios al que nos dirigimos.
En segundo lugar, aprendemos de la humilde dependencia y obediente sumisión de Jesús a su Padre. Así lo demuestran textos como Mateo 26:53, Juan 18:11 y Lucas 22:42. La actitud de humilde sumisión y dependencia es fundamental para aceptar la voluntad de Dios, especialmente cuando sus respuestas a nuestras oraciones no son exactamente lo que esperábamos.
En tercer lugar, Jesús nos enseña su conocimiento de la Palabra de Dios. Ya fuera en el desierto de la tentación, o en el diálogo con los fariseos, o incluso en la instrucción a Sus discípulos, Jesucristo demostró pleno conocimiento de las Escrituras, y este conocimiento constituye ciertamente la base de su relación con el Padre. No es posible orar correctamente y someternos a la voluntad de Dios si no conocemos su Palabra. Las oraciones poderosas siempre se apoyan en un conocimiento claro de la Sagrada Biblia.
Autor: Adolfo Suárez, es rector del SALT-DSA. pastor, teólogo y educador. Doctor y magíster en Ciencias de la Religión. Tiene un posdoctorado en Teología. Es bachiller en Teología y Licenciado en Pedagogía. Profesor de Posgraduación en la Facultad de Teología en la UNASP-EC. Es profesor visitante del programa de Master in Leadership, de Andrews University. Es autor de diversos libros, y miembro de la Adventist Theological Society y de la Society of Biblical Literature.
Referencias
1 Las ideas a continuación se adaptaron de Tony Campolo. Following Jesus Without Embarrassing God. Dallas: Word Publishing, 1997, p. 54-63.
2 Elena G. White. Ministerio de curación. Pacific Press Publishing Association, 1959, p. 481.
3 Bernard M. Lall. Prayer: Heavens’s Unlimited Power at Our Disposal. Berrien Springs, Michigan: Geetanjali Publishers, 1987, p. 3.
4 Elena G. White. El Deseado de todas las gentes. Pacific Press Publishing Association, 1955, p. 63.
5 Adaptado de W. Bingham Hunter. The God Who Hears, p. 184-186.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:
https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/significado-e-importancia-da-oracao/
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