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Dios: existencia y presencia

Dios

febrero 13, 2026

Teniendo en cuenta nuestra realidad finita y humana, resulta más importante saber de su presencia, carácter y acción que del origen de su existencia, ya que este está fuera de nuestro alcance.

Débora Pinheiro

En Su Palabra, Dios se presenta como “el Dios eterno”. Este nombre abarca el pasado, el presente y el futuro. Dios existe desde la eternidad hasta la eternidad. Él es el Eterno.1

“El Señor es rey, está vestido de majestad; el Señor está vestido y ceñido de poder; la tierra está segura, no se derrumbará. Tu trono está firme desde siempre, desde la eternidad tú existes” (Salmos 93:1-2, BLPH).

“Al único y bendito Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, al único inmortal, que vive en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver, a él sea el honor y el poder eternamente. Amén” (1 Timoteo 6:15-16, NVI).

“‘Yo soy el Alfa y la Omega’, dice el Señor Dios, ‘el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso’” (Apocalipsis 1:8).

“Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen” (Colosenses 1:17, NBLA).

“Jehová, el eterno, el que posee existencia propia, el no creado, el que es la fuente de todo y el que lo sustenta todo, es el único que tiene derecho a la veneración y adoración supremas. Se prohíbe al hombre dar a cualquier otro objeto el primer lugar en sus afectos o en su servicio. Cualquier cosa que nos atraiga y que tienda a disminuir nuestro amor a Dios, o que impida que le rindamos el debido servicio es para nosotros un dios”.2

“Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos, para siempre” (Deuteronomio 29:29).

Ninguna mente humana puede entender a Dios. Somos finitos y limitados por naturaleza. Si pudiéramos comprender el origen de Dios, no seríamos criaturas.

El Omnisciente está por encima de toda discusión. En lugar de especular sobre su naturaleza o sus prerrogativas, prestemos atención a las palabras que pronunció: “Estén quietos y reconozcan que yo soy Dios” (Salmos 46:10).

“¿Puedes adentrarte en los misterios de Dios o alcanzar la perfección del Todopoderoso? Son más altos que los cielos; ¿qué puedes hacer? Son más profundos que el sepulcro; ¿qué puedes saber? Son más extensos que toda la tierra; ¡son más anchos que todo el mar!” (Job 11:7-9, NVI).

Aunque no tenemos forma de entenderlo y explicar su origen, Dios se nos revela a través de su Palabra, de Jesús, de la naturaleza y de su Espíritu. Dada nuestra realidad humana finita, es más importante conocer su presencia, su carácter y su actividad que el origen de su existencia, que está fuera de nuestro alcance. Se presenta como “Yo soy” y como “Dios con nosotros” siempre, atento a nuestro sufrimiento. El Creador que ha puesto la resiliencia en nosotros. Un Dios que está presente, que se preocupa, que escucha el clamor y actúa por el bien de los que le aman. No permite que nadie pase por algo que no es capaz de soportar.

“Y le dijo el Señor: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus sufrimientos” (Éxodo 3:7).

“[Jehová le] respondió: Ciertamente yo estaré contigo” (Éxodo 3:12).

“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Éxodo 3:14).

Este Dios se revela como Amor, y le encanta relacionarse con la humanidad. Quiere habitar en nuestros corazones, por eso ha preparado un espacio dentro de los seres finitos para albergar al Eterno.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; también ha puesto eternidad en el corazón de ellos, de modo que el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11).

“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Juan 4:8).

“Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:12).

“He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

Al igual que su origen, también es inexplicable su inmenso e incondicional amor por nosotros, que tuvo su máxima expresión al darnos Cristo la vida eterna mediante su sacrificio en la cruz.

“Dios dio a su Unigénito para que muriera por nosotros… Cuando nuestra mente se ocupa constantemente del incomparable amor de Dios por la raza caída, comenzamos a conocer a Dios… Aquí mismo, en este diminuto átomo de un mundo, se realizaron las mayores escenas jamás conocidas por la humanidad. Todo el universo del cielo observaba con intenso interés… ¿Cómo había de ser presentado correctamente Dios ante el mundo? ¿Cómo iba a saberse que era un Dios de amor, lleno de misericordia, bondad y compasión? ¿Cómo iba a saber esto el mundo? Dios envió a su Hijo, y él había de representar ante el mundo el carácter de Dios”.4

“Pero en nuestra contemplación de Cristo, solo nos quedamos al borde de un amor que es inconmensurable. Su amor es como un vasto océano, sin fondo ni orilla”.4

Fuentes:

1 Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 282.

2 Patriarcas y profetas, p. 313.

3 En los lugares celestiales, p. 14.

4 The Review and Herald, 6 de mayo de 1902.

Autor: Débora Pinheiro

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:  https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/deus-existencia-e-presenca/

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