Los engañaré
Engaño
diciembre 19, 2025
Necesitamos entender a la luz de toda la Bíblia qué significa que el falso profeta sea engañado por el mismo Dios.
Denis Versiani
“Porque cualquiera de la casa de Israel, o de los extranjeros que residen en Israel, que se haya apartado de en pos de mí, que haya erigido sus ídolos en su corazón, que haya colocado delante de su rostro aquello que lo hace caer en la iniquidad, y que luego acuda al profeta para consultarle acerca de mí, yo, el SEÑOR, le responderé por mí mismo. Fijaré mi rostro contra aquel hombre, lo convertiré en señal y refrán, y lo eliminaré de entre mi pueblo. Y sabrán que yo soy el SEÑOR. ‘En cuanto al profeta que sea inducido y hable algo, yo, el SEÑOR, habré inducido a tal profeta. Extenderé mi mano sobre él y lo eliminaré de en medio de mi pueblo Israel’” (Ezequiel 14:7-9).
Cuando leemos un texto como este en la Biblia, es natural que nos confundamos. ¿Cómo puede un Dios verdadero, fiel y justo engañar a una persona, especialmente a un profeta? ¿No son los profetas hombres y mujeres enviados por Dios para reprender, guiar y corregir a su pueblo? ¿Cómo, entonces, enviaría Dios a un profeta a comunicar oráculos engañosos? Preguntas como estas hacen que muchas personas consideren la fe en Dios como un gran error. Para responder a estas preguntas debemos partir de la premisa de que la Biblia es la revelación de Dios. Por eso podemos encontrar la respuesta a estas preguntas en la propia Biblia.
El libro de Ezequiel fue escrito en el contexto de la ruina de Judá y el cautiverio babilónico. El pueblo elegido por Dios había abandonado el pacto y había caído en la práctica de pecados detestables para Dios, como la prostitución, la corrupción, la opresión y la idolatría. Podemos decir que la idolatría fue la causa de toda la degradación moral, ética y cultural, y llevó a Israel a apartarse de los caminos del Señor.
Antes de que Jerusalén fuera destruida por los caldeos, Dios envío a varios profetas para advertir al pueblo de Judá de los peligros que enfrentaba la nación. En esa misma época, Satanás también levantó a sus falsos profetas para engañar al pueblo. Pero el pueblo eligió oít los falsos mensajes de paz en lugar de escuchar las advertencias de Dios. Es más fácil prestar atención a palabras agradables que a reprimendas duras. En el capítulo 13, Ezequiel habla en nombre del Señor a estos hombres y mujeres utilizados por Satanás para engañar al pueblo.
«El Señor me dirigió la palabra: “Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: ‘¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!… Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan… A causa de sus palabras falsas y visiones mentirosas, aquí estoy contra ustedes… Estos profetas han engañado a mi pueblo diciendo: ‘¡Todo anda bien!’, pero las cosas no andan bien” (Ezequiel 13:1-10, NVI).
Esos momentos no fueron de paz. Los hijos de Israel se enfrentaban a su ruina, pero prefirieron engañarse con la mentira satánica de la paz y la seguridad. A lo largo del capítulo 13, Ezequiel pronuncia oráculos de reprensión y juicio contra estos profetas y profetisas de Satanás. “Por eso ya no volverán a tener visiones falsas ni a practicar la adivinación. Yo rescataré a mi pueblo del poder de ustedes, y así sabrán que yo soy el Señor” (Ezequiel 13:23, NVI).
Algunos de los ancianos de Israel se sentaron ante Ezequiel. Estos líderes del pueblo mezclaban el culto al único Dios con rituales idolátricos importados de las naciones vecinas olvidando que esto fue la causa de la ruina del reino del norte. La idolatría estaba tan arraigada en sus mentes que el Señor dijo: “han erigido sus ídolos en sus corazones y han puesto delante de sus rostros aquello que los hace caer en la iniquidad” (Ezequiel 14:3).
Dura fue la respuesta que dio Ezequiel a estos líderes. “Por tanto, adviértele al pueblo de Israel que así dice el Señor omnipotente: “¡Arrepiéntanse! Apártense de una vez por todas de su idolatría y de toda práctica repugnante” (Ezequiel 14:6). Es en este contexto que Ezequiel pronuncia el oráculo de los versículos 7 a 9 citados al principio de este artículo. Todo hombre que buscara a un falso profeta recibiría, en forma de vergüenza y castigo, una respuesta de Dios mismo (versículos 7, 8).
El hecho de que el falso profeta era engañado por Dios mismo (versículo 9) debe entenderse a la luz de toda la Biblia. La Biblia dice que Dios endureció el corazón del Faraón (Éxodo 4:21) y el corazón de Acab y de los profetas (1 Reyes 22:22), y que incitó a David a realizar un censo militar en Israel (2 Samuel 24:1). Pero Dios no podía enojarse contra un mal que él mismo causó. Eso sería injusto. La costumbre de Israel de atribuir a Dios lo que no impide que ocurra era un pensamiento común en los pueblos del antiguo Oriente. La Biblia dice que lo que Dios no permite no ocurrirá. Así que sabemos que a Satanás y a sus ángeles se les permite hacer el mal de forma limitada. Fue Satanás quien incitó la rebelión del Faraón, el engaño en el corazón de Acab y los profetas de Baal y el orgullo en David, al igual que engañó a los falsos profetas con manifestaciones espiritualistas en el caso de Ezequiel. Él es el padre de la mentira, no Dios (Juan 8:44).
Este es el dilema de Dios. En un mundo de pecado, Dios necesita permitir que el mal se manifestara para que la humanidad y los seres creados del universo pudieran ser testigos de los frutos de la rebelión de Lucifer en el Cielo (Ezequiel 28:13-17; Isaías 14:12-14). Cuando alguien decide alejarse de Dios, abre su corazón a las influencias del pecado. Así es como, con el permiso de Dios, el hombre enfrenta las tentaciones de Satanás. Eso es lo que llamamos libre albedrío. Dios no obligará a nadie a servirle, así como tampoco inducirá a nadie al error. Respeta nuestra voluntad de rendirnos a nuestros impulsos naturales. Pero si actuamos así, tendremos que enfrentarnos al castigo de Dios tarde o temprano. Así es como, creyendo en las falsas profecías de paz, Israel encontró la guerra, y sucumbió fácilmente ante el enemigo.
Amigo lector, hoy nos enfrentamos al mismo peligro. Jesús dijo: “Miren que nadie les engañe; porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos… Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos” (Mateo 24:4-5, 11). Esta es una de las señales que muestran que estamos en el umbral de un nuevo tiempo. Muy pronto, el gran conflicto entre Cristo y Satanás llegará a su clímax, y la última generación tendrá que tomar una posición entre adorar al único Dios o postrarse ante la imagen de la bestia.
Hoy en día vemos a los falsos profetas realizando señales y maravillas, como curaciones milagrosas, expulsión de demonios y trances místicos. Otros predican doctrinas espiritistas y realizan manifestaciones mediúmnicas de adivinación o comunicación con los muertos, prácticas abominables según la Biblia (véase Levítico 19:31; Deuteronomio 18:10-11). Muchos de los que profesan ser cristianos predican que la prosperidad es el resultado de sus ofrendas, o que la liberación sexual se basa en el amor al prójimo. Niegan la ley de Dios afirmando que fue abolida en la cruz. De hecho, muchos de ellos lo hacen con tal convicción que parece que realmente se creen sus propios engaños. La situación es hoy tan grave que estamos perplejos sin saber qué creer. “Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y maravillas de tal manera que engañarán, de ser posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24). “¡Miren! Se los he dicho de antemano” (Mateo 24:25, leer hasta el versículo 28). De la misma forma que Dios advirtió a Israel a través de los verdaderos profetas, también nos advirtió a nosotros, para que no muriéramos entregados al engaño, tal como sucedió en los días de Ezequiel.
Amigo, el oráculo de Ezequiel 14:7-9 es una profecía que se extiende hasta nosotros universalmente. Ezequiel continúa diciendo que “tanto el profeta como quien lo haya consultado cargarán con la misma culpa” (v. 10, NVI). Esto es “para que el pueblo de Israel ya no se aparte de mí ni vuelva a mancharse con sus pecados. Entonces ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Ezequiel 14:10-11, NVI; ver Apocalipsis 21:3).
Cuando Cristo vuelva, vendrá a separar el trigo de la cizaña, lo bueno de lo malo. Sus elegidos, los que han permanecido fieles y han prestado atención a las advertencias de Jesús, serán rescatados por los santos ángeles y ascenderán para encontrarse con el Señor en el aire y estar con él para siempre (Mateo 24:31; 1 Tesalonicenses 4:16-17). Los impíos serán destruidos junto con Satanás y sus ángeles por el soplo de la boca de Dios, sin importar cuántos “milagros”, señales y maravillas hayan hecho (2 Tesalonicenses 2:8-9).
Amigo lector, Dios no engaña a nadie, pero tampoco impide que el hombre se entregue a sus propios engaños. Por lo tanto, no te engañes: “Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará” (Gálatas 6:7). Permite que Dios imprima en tu corazón las verdades que conducen a la vida. Vuélvete a Dios y busca a Cristo en la oración y el estudio de la Biblia. Levanta un altar en tu corazón a Dios y preséntate diariamente a él como un sacrificio vivo, santo y agradable mediante una adoración racional. Quien busque conocer y servir a Dios de corazón no será abandonado, y, al final de esta historia, comenzará una nueva historia formando parte del pueblo de Dios en la eternidad. Confía en Dios, porque ¡él es justo y verdadero!
¡Que Dios te bendiga!
Autor: Denis Versiani
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/eu-os-enganarei/
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