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Muerte y resurrección

Muerte

noviembre 1, 2019

Tres cosas que debes saber sobre la Muerte

Era una mañana normal, como muchas madres ya experimentaron. Ella tomó las llaves del carro, corrió a la puerta, se aseguró de que su hijo de cinco años tenga el cinturón de seguridad abrochado en el asiento delantero, colocó las llaves para encender el vehículo y se preparó para salir. De repente, ella notó que había olvidado su bolsa, entonces corrió de regreso a la casa. Una llamada no deseada la detuvo en el camino. “Puedo hacer esto rápido”, debe haber pensado, y terminó la llamada lo más rápido posible.

Corriendo hacia fuera, se horrorizó al descubrir que su hijo había sido atropellado por un carro. Aparentemente, él se desabrochó; subió al asiento del conductor y prendió el carro. Cuando el vehículo comenzó a moverse él debe haberse asustado y saltado. Ella pidió ayuda inmediatamente, pero ya era demasiado tarde. Los siguientes días parecían una pesadilla interminable para esta madre afligida, mientras lidiaba con el evento traumático.

¿Podría ser curada de una herida tan profunda y permanente?

En su libro, “The Healing Path” (El camino de la curación), el consejero cristiano Dan Allender termina la historia: “Dos años después del accidente, aquella madre estaba mejor, pero aún sufría de náuseas y culpa que amenazaban con ahogarla. Su matrimonio estaba en gran peligro, y ella continuó tomando medicamentos para la depresión. Su historia y la tristeza incrustada en sus ojos me sacudieron. Pero un comentario en particular me desconcertó:

“Gracias”, dijo, “por hacerme saber que no está mal sufrir.” Todos querían que ella estuviera “bien”, explicó. Ellos querían que ella siguiera adelante con su vida. Dijo que solía tener sentimientos similares en relación a los que sufrieron pérdidas trágicas, que no había entendido la profundidad del dolor con el que lucharon, pero que ahora sí comprendía. Con tristeza, ella comentó: “Yo simplemente nunca pensé que la tragedia pudiera llegar a mi puerta”.

Muchas veces, durante estas tragedias inesperadas, nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? En tragedias masivas, como terremotos u otras calamidades, Dios tiene la culpa y poco crédito. Los desastres naturales se llaman “actos de Dios”. Las historias milagrosas de supervivencia son acreditadas a la “buena suerte”.

No es culpa de Dios 

Pero eso no es realmente la verdad. Dios nunca planeó el sufrimiento para sus hijos cuando creó la vida en la Tierra. Muerte y sufrimiento fueron introducidos a la humanidad cuando Adán y Eva aceptaron la oferta del enemigo de una supuesta vida mejor (ver Génesis 3: 1-19). Aunque el salario del pecado traía la muerte como el destino final de todo ser humano, Dios introdujo la vida eterna nuevamente a través del sacrificio de su Hijo. Su plan garantizaría la estabilidad para siempre erradicando el pecado y protegiendo completamente a sus hijos de Satanás, el autor del pecado y de la muerte (ver Romanos 6:23; Nahum 1: 9).

Dios sabía que, para que el universo se quedara para siempre libre de la rebelión contra sus leyes, Satanás necesitaría tiempo para demostrar cuán terrible es la rebelión y los resultados que ella trae. Entonces, cuando los hijos de la tierra sean finalmente redimidos, nunca más desearán probar la terrible experiencia del pecado nuevamente.

Por lo tanto, es importante entender que, aunque haya una razón para el sufrimiento y la muerte que soportamos, no es culpa de Dios. La buena noticia es que Dios está con nosotros en aquellas circunstancias difíciles. Nosotros nunca planeamos que la tristeza llegase al hogar, pero cuando eso sucede, tenemos un Salvador que es capaz de comprender la gran pérdida de la muerte. Él desea confortar y sustentar incluso en medio de las olas de dolor que amenazan con absorbernos (Juan 14:18). La Biblia nos dice que “Jesús lloró” cuando perdió a un amigo (Juan 11:35). Aunque Él planeó resucitar a Lázaro, aquel que dijo ser “la vida y la resurrección” lloró antes de realizar una resurrección. Él dedicó tiempo para lamentar la experiencia desagradable de la muerte.

Tus seres queridos están durmiendo 

Mirando un poco más de cerca, vemos algo más impresionante sobre la historia de la muerte de Lázaro. Jesús sabía que su amigo estaba enfermo por varios días antes de morir, pero Jesús continuó sanando a los demás. Los discípulos quedaron preocupados y dudaron de la sinceridad del amor de Jesús por su amigo. Por esa razón los discípulos quedaron sorprendidos, pues, finalmente, fue la muerte de Lázaro lo que motivó a Jesús a actuar.

La Biblia dice que Jesús, cuando supo que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar en donde estaba. Entonces dijo a sus discípulos: “Vamos a Judea.” Jesús les explicó: “nuestro amigo Lázaro está durmiendo, pero yo voy a despertarlo”. Sus discípulos respondieron, “¡Señor, si él está durmiendo, eso quiere decir que va a estar bien!” Entonces les dijo claramente: “Lázaro murió” (Juan 11: 6, 7, 11:14).

Y esta no es la única vez que Jesús comparó la muerte con el sueño. Mateo, Marcos y lucas cuentan la historia de una resurrección que Jesús realizó. Esta vez, un hombre llamado Jairo tenía una hija de 12 años que estaba gravemente enferma. Él vino a Jesús como un último esfuerzo y Jesús accedió a acompañar a Jairo a su casa. Sin embargo, la multitud de personas que buscaban una curación impidió su progreso, y el viaje hacia la casa de Jairo se convirtió en una jornada irritantemente lenta.

Finalmente, un mensajero vino con una noticia angustiosa: “No molesten al Maestro, es demasiado tarde, tu hija está muerta” (Marcos 5:35). A pesar de lo apretado de la multitud, Jesús hizo contacto visual con Jairo, y le dijo: “No temas, solo cree” (Marcos 5:36). Jesús tenía un plan. Al entrar a la casa de Jairo, dijo: “¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta, sino duerme” (Marcos 5:39).

Esos supuestos amigos, que fingían lamento, en realidad se reían de Jesús (Marcos 5:40). Se rieron porque podían ver si los signos vitales estaban presentes o no. Ellos sabían distinguir entre la muerte y la vida. Pero perdieron el mayor consuelo en las palabras de Jesús. La Biblia nos dice que “los muertos nada saben” (Eclesiastés 9:5) y que el mismo día que mueren, “perecen sus pensamientos” (Salmos 146:4).

Jesús nos revela a través de dos historias el simbolismo del sueño, de que la muerte es apenas una inconsciente y pacífica espera de la resurección. La Biblia también nos dice que algunas personas serán resucitadas en la primera resurrección para la vida y otras enfrentarán el juicio en la segunda resurrección (ver Apocalipsis 20:6). Pero, felizmente, esa decisión depende de un Dios misericordioso que no desea que ninguno perezca (ver Pedro 3:9).

Solo Él puede leer el corazón de una persona en los últimos momentos de su vida. No podemos juzgar, incluso cuando una persona parece vivir totalmente fuera de la voluntad de Dios. Qué consuelo es saber que nuestros seres queridos no se están quemando en el infierno, o disfrutando de la dicha del cielo mientras nos observan sufriendo a lo largo de la vida en la Tierra sin ellos. Simplemente están descansando hasta que Dios los llame de vuelta a la vida en el día de la resurrección.

Te encontrarás de nuevo

Jesús provó que Él es un dador de vida. Sabemos que Él ama restaurar a los muertos para sus familiares y amigos. Por tanto, podemos atesorar la esperanza de que un día nos reuniremos con nuestros seres queridos, aunque seamos llamados a esperar con fe la victoria final de Dios sobre la muerte.

El artista cristiano Steven Curtis Chapman conoce el dolor de la pérdida y la esperanza del reencuentro. Hace algunos años, él perdió a su hija de 5 años, María, en un trágico accidente. Aparentemente, cuando un adolescente salió de su garaje en una SUV, no vio que la niña estaba jugando. Esa tragedia sucedió a pesar del hecho de que los Chapmans habían hecho trabajos misioneros en orfanatos del extranjero. ¿Cómo puede ser justo que aquellos que estaban ayudando a los hijos de otras personas pierdan un hijo? Eso parecía un error. ¿Cómo algo tan malo podía suceder con personas buenas? Steven y su esposa deben haber estado adormecidos por el dolor, al igual que esa madre que nunca pensó que tal tragedia llegaría a su puerta y perdería a su hijo en un accidente similar.

Sin embargo, los Chapmans decidieron confiar en Dios, incluso cuando no entendían nada. Poco después de esa terrible pérdida, Steven compuso la canción “Beauty Will Rise” [La Belleza se Levantará], que es conmovedora y muestra el profundo anhelo del corazón por el día del reencuentro con sus seres queridos. Mientras Steven se abría camino a través de las emociones crudas de esa experiencia, con seguridad influyó en la urgencia de su esperanza de ver a esa preciosa niña de nuevo. Él dice: “De estas cenizas … la belleza se levantará. Porque sabemos que la alegría está llegando de mañana … de mañana”.

Sí, la Biblia dice: “El llanto puede durar una noche, pero la alegría viene por la mañana” (Salmos 30:5). Esta noche de agonía terminará para ti un día, porque la bendecida mañana de resurrección vendrá. Y cuando Dios restaure la belleza y la alegría para nosotros, cuando recibamos a nuestros seres queridos, iremos a un lugar donde nunca más sentiremos el dolor de la muerte. La Biblia promete que Dios “enjugará toda lágrima de sus ojos. Ya no habrá muerte, llanto, clamor o dolor, porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4). En ese momento finalmente Dios destruirá el pecado, a Satanás y al último enemigo – la muerte – no existirá más (vea 1 Corintios 15:25,26). La bondad de Dios tendrá la victoria completa sobre el mal. El grito ascenderá: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55).

 

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Este artículo fue publicado originalmente en la revista Signs of the Times, mayo de 2010.