¿Por qué demora Jesús tanto en venir?
Jesús
marzo 28, 2025

Cristo, en su presciencia, sabía (y sabe) que pasaría un período de más de dos mil años desde el momento de su ascensión al cielo hasta su regreso a la tierra. Pero también es cierto que tenía (y tiene) un gran deseo de estar junto a los que lo aceptan como Señor y Salvador.
Ozeas C. Moura
La expresión “vengo pronto” aparece cuatro veces en el libro del Apocalipsis (3:11; 22:7, 12, 20). Este tono de urgencia respecto al tiempo de la segunda venida puede sonar extraño para quienes viven en el siglo XXI, ya que han pasado más de dos mil años desde que se hizo esta promesa. Algunos teólogos han llegado al punto de decir que Jesús se habría equivocado sobre el momento de su venida y habría hecho una promesa que no se cumplió. Pero ¿cómo podemos conciliar las ideas de que Dios no se equivoca en lo que dice con el paso del tiempo de más dos milenios?
Con respecto a Cristo, debemos recordar que (1), por ser divino, es presciente (sabe de antemano lo que va a ocurrir) y (2) tiene un intenso deseo de volver pronto a este mundo para buscar a los que han aceptado el plan de salvación y llevarlos al Cielo. Estos dos factores son importantes para comprender la promesa contenida en Apocalipsis 22:20.
Es cierto que Cristo, en su presciencia, sabía (y sabe) que pasaría un período de más de dos mil años desde el momento de su ascensión al cielo hasta su regreso a la tierra. Pero también es cierto que tenía (y tiene) un gran deseo de estar junto a los que lo aceptan como Señor y Salvador. Él mismo declaró: “Vendré otra vez y los tomaré conmigo para que donde yo esté ustedes también estén” (Juan 14:3). Así que la expresión “vengo pronto” debe entenderse en el contexto del gran deseo de Cristo de estar con su iglesia, y no en términos de su presciencia.
El Comentario Bíblico Adventista (SDABC, t. 7, p. 746, 747) dice: “las declaraciones del ángel del Apocalipsis a Juan respecto a la inminencia del regreso de Cristo para poner fin al reinado del pecado, deben ser entendidas como una expresión de la voluntad de Dios y de su propósito. Dios
nunca ha pensado en demorar la consumación del plan de salvación; siempre ha expresado su voluntad de 747 que el regreso de nuestro Señor no se retarde mucho… Es verdad que Dios sabía de antemano que la venida de Cristo sería demorada unos dos mil años; pero cuando envió sus mensajes a la iglesia por intermedio de los apóstoles, expresó esos mensajes en términos de su voluntad y propósito respecto a dicho acontecimiento para que su pueblo estuviese informado de
que, en la providencia divina, no había necesidad de una demora. Por consiguiente, las […] declaraciones del Apocalipsis respecto a la proximidad de la venida de Cristo deben entenderse como una expresión de la voluntad y el propósito de Dios […], y no como declaraciones basadas en el conocimiento previo de Dios. En este hecho debe hallarse sin duda la armonía entre los pasajes que exhortan a estar preparados para la pronta venida de Cristo y aquellos períodos proféticos que revelan cuán distante se halla en realidad el día de nuestro Señor Jesucristo”.
También es posible ver en la promesa de Cristo a Juan (“vengo pronto”) un elemento de condicionalidad: si la iglesia de los días apostólicos se hubiera preparado y hubiera llevado al mundo gentil a prepararse también, Cristo podría haber venido en ese momento. Lo mismo puede decirse con respecto al movimiento adventista después del chasco de 1844 (SDABC, v. 7, p. 746). Pero el hecho es que la preparación adecuada de la iglesia y del mundo para la segunda venida de Cristo no ocurrió en los días apostólicos, ni en el movimiento adventista posterior al engaño. Y Cristo, siendo previsor, lo sabía. Por esta razón, Jesús mencionó al profeta Juan el largo período profético de 1260 años (los 42 meses de Apocalipsis 13:5) de poder papal (538-1798 d. C.) que ocurriría antes de su segunda venida.
En resumen: la promesa “vengo pronto” debe entenderse (1) como una expresión del deseo de Cristo de volver y llevarse a sus hijos para estar con él para siempre, y (2) como una promesa condicional, que se habría cumplido si la iglesia hubiera hecho su parte en su preparación espiritual y en la preparación del mundo para encontrarse con Cristo en la segunda venida. Pero uno podría preguntarse si Dios nos tendría como rehenes para volver a este mundo. El hecho es que él no toma como rehén a nadie. En su presciencia, él sabe que, en los últimos días de la historia habrá, personas fieles que estarán esperando su venida, “la bendita esperanza” (Tito 2:13), con las que puede contar y que llevarán, con la palabra y el ejemplo, la buena noticia del regreso de Jesús. Esto indica que si uno elige involucrarse en la predicación del evangelio será esto un privilegio. Si no se involucra, puede perder su salvación, mientras que otros se involucrarán y “será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
La expresión “sera predicado” está en lo que llamamos la “responsabilidad divina”, y cuando esto ocurre es para mostrar que Dios empleará sus medios y las personas de que dispone para el cumplimiento de sus planes. En otras palabras, la iniciativa de completar la tarea de predicar el evangelio no es nuestra, sino de Dios. Pero él espera poder contar con nosotros, por nuestro propio bien espiritual. Y una última pregunta: Si Jesús viniera hoy, ¿estarías preparado y feliz por su regreso?
Autor: Ozeas C. Moura es doctor en Teología Bíblica y profesor en la UNASP, Campus Engenheiro Coelho, SP.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/por-que-jesus-demora-tanto-em-vir/
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