¿Quién fue el faraón del Éxodo?
Éxodo
marzo 21, 2025

Descubre por qué la narrativa del Éxodo no menciona el nombre del faraón que persiguió a Moisés.
Luis Gustavo Assis
Como las flores en primavera, así son los políticos en año de elecciones. Se pueden ver en todas partes. Sus fotos, sus nombres y sus números son casi omnipresentes. Todos quieren que el público los recuerde. La discreción o la timidez son impensables en este periodo. Y todo vale, incluidos los ataques personales contra los adversarios políticos.
La situación no era diferente en el antiguo Egipto. Los faraones no eran conocidos por su humildad o por sus pequeños actos, sino por las batallas y las victorias conseguidas con inteligencia y fuerza. En las paredes de los templos y los palacios del antiguo Egipto se pueden ver escenas de estas victorias. Y con ellos se pueden leer inscripciones en las que el monarca afirma con orgullo su superioridad sobre el ejército contrario.
Debido a esta ideología triunfalista, los egipcios nunca admitían la derrota. No solo ellos, sino los reyes de los pueblos del Creciente Fértil, también llamado Antiguo Oriente Medio, difícilmente reconocían el fracaso en una campaña militar o en contener una revuelta en su imperio. Por ejemplo, en un momento de su reinado, el faraón Ramsés II reunió a sus tropas para luchar contra un imperio rival, los hititas, que dominaban parte de lo que hoy conocemos como Turquía y Siria y que en aquella época estaban dirigidos por el rey Muwatalis. La batalla de Qadesh, como se conoció posteriormente, se hizo famosa. Tenemos tanto la versión egipcia como la versión hitita. Ambas versiones reclaman la victoria en ese enfrentamiento. No sabemos quién ganó la batalla de Qadesh. Difícilmente un gobernante del mundo antiguo reconocería una derrota.
Hubo otra práctica en esta batalla ideológica. El rey derrotado suele quedar sin nombre en los textos, como forma de humillación. He aquí algunos ejemplos:
a) Cuando el faraón Tutmosis III sofocó en Meguido una rebelión iniciada por el rey de Qadesh, se refiere a este rey como “ese miserable rey de Cades”, o “ese miserable rey”.
b) En una escena en la que se ve a Seti I persiguiendo al rey de los hititas y golpeándolo con flechas, las 20 líneas de texto que describen la batalla no mencionan el nombre del rey derrotado.
(c) En los poemas de Ramsés II y en las descripciones militares de la mencionada batalla de Qadesh, en ningún momento se menciona al rey hitita por su nombre, sino que siempre se le llama “el enemigo de Hati” (como también se llamaba el imperio hitita) o “el miserable rey de Hati”.
Al parecer, esta práctica de no nombrar al rey derrotado fue adoptada por el autor del libro del Éxodo, Moisés. En los quince capítulos iniciales de la obra, el faraón o los faraones nunca se mencionan por su nombre. Algunos —muchos, diría yo— toman esta “falta de objetividad histórica” para afirmar que la historia de los israelitas en Egipto no es más que una ficción creada por la élite sacerdotal en los días del rey Josías, rey de Judá, en el siglo VII a. C., durante su reforma religiosa. Si así fuera, ¿por qué ese documento siguió una práctica egipcia (no nombrar al rey derrotado) que ya no se utilizaba en la época de Josías y que era muy diferente de la que seguían los babilonios y los asirios?1 En este punto, el relato del Éxodo parece apuntar a un período más cercano a los acontecimientos que allí se narran.
¿Conocía el autor del Éxodo el nombre del faraón de la época?2 Yo creo que sí. ¡Conocía los nombres de las parteras que ayudaban a las mujeres hebreas, Sifrah y Puah (Éxodo 1:15)! Tal omisión fue deliberada. Los primeros quince capítulos del Éxodo son una batalla ideológica entre Yahvé, el Dios de los israelitas, y el faraón, el rey divino egipcio. Cuando, en Éxodo 5:1-2, Moisés lo confronta por primera vez para que deje que su pueblo abandone la casa de servidumbre, el monarca egipcio pregunta con arrogancia: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Si el faraón no conocía a Dios, Moisés se encargó de presentarlo en los capítulos siguientes. La pregunta no debería ser “¿Quién era el faraón del Éxodo?”, sino “¿Quién es el Dios del Éxodo?”, y la respuesta a esa pregunta está en tu Biblia.
Auto: Luis Gustavo Assis
1 Babilonios y asirios documentaron cada detalle de sus batallas, incluyendo los nombres de los reyes derrotados. Muchos escépticos rechazan los relatos bíblicos, especialmente el del Éxodo, por la falta de pruebas directas que los respalden. En el caso del Éxodo, hay varias evidencias indirectas que reconstruyen muy bien el escenario histórico que el autor bíblico describe allí. Mi profesor James K. Hoffemeir es uno de los principales investigadores en este campo, con dos libros publicados sobre el tema, Israel in Egypt: The Evidence for the Authenticity of the Exodus Tradition (Oxford University Press, 1996), y Ancient Israel in Sinai: The Evidence for the Authenticity of the Wilderness Tradition (Oxford University Press, 2005). Ambos están pendientes de publicación en portugués.
2 Los que defienden la realidad histórica del Éxodo se dividen en dos fechas: una durante la XVIII dinastía (ca. 1450 a. C.), basada en 1 Reyes 6:1, y teniendo más de un faraón como candidato (Tutmosis III/IV), y otra fecha durante la XIX dinastía (ca. 1260 a. C.), con Ramsés II como faraón de la historia. Como el artículo no trata de la fecha del Éxodo, no entraré en más detalles sobre la discusión de las dos fechas.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/quem-foi-o-farao-do-exodo/
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