¿Son compatibles la ciencia y la religión?
Ciencia
febrero 26, 2025

Es un hecho que hay religiosos que odian la ciencia y hay científicos que odian la religión. ¿Será esto el mejor camino? Después de todo, ¡hay muchas personas religiosas que también son científicas!
Prof. Rodrigo P. Silva
El famoso químico ateo Peter Atkins, antiguo profesor de Oxford, declaró en una ocasión que “la ciencia y la religión son cosas casi totalmente incompatibles”. Otros más radicales dirían “completamente incompatibles”. Pero ¿lo son? ¿A quién debemos dar más crédito: al predicador en el púlpito o al científico en el laboratorio?
Hay tres maneras de resolver la cuestión:
1 – Asumir que ambas nunca podrán reconciliarse, porque la ciencia se basa en hechos y pruebas, mientras que la religión se basa en la fe y la ignorancia.
2 – Asumir que pueden reconciliarse siempre y cuando cada una se mantenga en su ámbito sin entrometerse en el ámbito del otro.
3 – Asumir que la verdadera religión nunca entrará en conflicto con la verdadera ciencia; al contrario, ambas serán complementarias.
Antes de optar por una de estas respuestas alternativas, debes saber que la idea de conflicto entre ciencia y religión es una invención relativamente reciente. Desde que la humanidad inventó la escritura, han transcurrido aproximadamente más de 5000 años de historia. En todo este periodo, la mayoría absoluta de los estudiosos de la naturaleza estaban en paz con Dios y no tenían ningún problema en ver en la naturaleza la acción de una deidad.
Incluso cuando la llamada ciencia moderna nació en el siglo XVI, seguía yendo de la mano del Creador. Fue a partir de 1860 cuando pequeños grupos de científicos, liderados por Thomas H. Huxley, se organizaron con el propósito de acabar con el dominio cultural del cristianismo, especialmente en Inglaterra.
¿Quieres un ejemplo? ¿Ha oído alguna vez cómo Colón tuvo que convencer a los monarcas españoles de que no caería al abismo si navegaba continuamente hacia el horizonte? Siempre me pareció una buena historia, pero hoy los historiadores reconocen que es un mito. Tal cosa nunca ocurrió.
Quienes crearon —o al menos popularizaron— esta fantasía fueron dos autores, John Draper y Andrew White, cuyo propósito era desacreditar la religión ante la gente. Afirmaban que los científicos decían que la tierra era redonda, mientras que los teólogos enseñaban que era cuadrada. White, por cierto, fundó la Universidad de Cornell, una de las primeras instituciones seculares de enseñanza de Estados Unidos.
Milenios antes de toda esta polémica de la ciencia frente a la religión, los hombres religiosos ya investigaban la naturaleza de forma científica. Los sacerdotes egipcios, chinos y babilonios desarrollaron enormemente las matemáticas y la astronomía. Por supuesto, no utilizaban el método científico, que se sistematizaría recién en la modernidad. Sin embargo, nadie puede negar los avances que lograron en el descubrimiento de importantes leyes de la naturaleza. Además, el propio método científico se debió a la labor pionera de los religiosos islámicos y, más tarde, de los cristianos. La historia lo confirma.
Lo que llamamos ciencia moderna surgió con la revolución intelectual que tuvo lugar en Europa a partir del siglo XVI y que cambió las formas de entender el mundo occidental. Las raíces de esta revolución, por supuesto, se remontan a importantes acontecimientos que marcaron la transición de la Edad Media a la Modernidad, especialmente el Renacimiento, cuyo concepto principal fue el racionalismo. Esta nueva forma de ver el mundo se convirtió en un desafío no necesariamente a la fe, sino a una forma distorsionada de religión de la época que cambiaba incluso las enseñanzas de la Biblia por explicaciones dogmáticas de los líderes de la Iglesia.
Tanto los clérigos como la nobleza recurrían a tradiciones y creencias humanas que carecían de sentido lógico. Se dejaron de lado los principios bíblicos. El resultado fue un periodo de profunda oscuridad moral, espiritual y cultural para toda Europa.
Hoy se tiende a cuestionar el negativismo que hay hacia la época medieval. En 1908, el científico y filósofo Pierre Duhem escribió un tratado sobre la historia de la teoría física desde Platón hasta Copérnico. En la obra, Duhem demuestra que en todas las épocas, incluso en la Edad Media, hubo hombres que trabajaron directamente con la ciencia.
Esto es cierto, como también lo es que siempre ha habido personas sinceras predicando la Biblia, aun a riesgo de ser asesinadas por ir en contra de las leyes de la Iglesia que prohibían a los laicos tener contacto directo con la Palabra de Dios.
Por tanto, lo que allí tuvo lugar no fue un conflicto entre la fe y la razón, sino la disputa de dos grupos religiosos: ¡una mayoría que practicaba abusos en nombre de Dios y una minoría que defendía el derecho racional humano! La inspiración del primero fueron los dogmas y la del segundo la Santa Biblia. Precisamente de este segundo grupo surgieron los pioneros de la ciencia moderna.
Los padres de la ciencia despertaron su intelecto porque al observar la naturaleza comprendieron que habría otra forma de explicar la realidad, distinta del dogma. Pero ninguno de ellos dejó de creer en un creador del universo. Vivieron y murieron como verdaderos hombres de fe.
De hecho, fue gracias a la Biblia y a los escritos de Aristóteles que estos hombres empezaron a sentar las bases de la ciencia moderna. Su desafío, repetimos, no era contra la Sagrada Escritura, sino contra las distorsiones del mensaje que presentaba.
Sabían que la Biblia no era un libro de ciencia en el sentido moderno de la palabra. Sin embargo, no ocultaron su convicción de que era la legítima Palabra de Dios.
Es un hecho que hay religiosos que odian la ciencia y hay científicos que odian la religión. ¿Será esto el mejor camino? Después de todo, ¡hay muchas personas religiosas que también son científicas!
Tanto la religión como la ciencia son intentos humanos de encontrar respuestas a nuestra propia existencia. Y Dios da esas respuestas, principalmente a través de la Santa Biblia, pero también a través de la naturaleza. No da todas las respuestas, porque siempre habrá lugar para la duda, el misterio y los nuevos descubrimientos por ambas partes.
Sin la guía del Espíritu de Dios, el estudio de la Biblia se convierte en herejía y el estudio de la naturaleza en ateísmo. Pero bajo la iluminación divina, ambos estudios se reconcilian. La diferencia estriba únicamente en el lenguaje con que se expresan la ciencia y la religión. La idea es la misma, solo que la forma de expresarla no será exactamente igual.
Autor: Rodrigo P. Silva, graduado en Teología, con posgraduación en Filosofía por el Centro Universitário Assunção (1999), magíster en Teología Histórica por el FAJE (1996). Tiene especialidad en Arqueología por la Universidad Hebrea de Jerusalén (1998). Es doctor en Teología por la Pontificia Facultad de Teología N. S. Assunção (2001) y doctor en Arqueología por la Andrews University (2008).
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:
https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/ciencia-e-religiao-combinam/
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