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¿Viviremos en el cielo o en la nueva tierra?

Esperanza

enero 21, 2026

Dios purificará nuestro mundo con fuego consumidor y destruirá hasta la más mínima mancha de pecado.

Denis Versiani

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

Jesús responde a esta pregunta de forma muy sencilla: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5, RVC). Por lo tanto, nuestro hogar para toda la eternidad estará aquí. Pero ¿cuándo ocurrirá eso? Después de todo, nuestro planeta es el único lugar del universo que está degradado por el pecado. Satanás lleva más de seis mil años sembrando el mal en este planeta (Job 1:7).

Los profetas Daniel y Juan atestiguan que antes de que Jesús regrese, debe celebrarse un juicio en el Santuario Celestial (Daniel 7:9, 10, 25, 26; 8:13, 14 y Apocalipsis 14:6-12). En la fase de investigación de este juicio, Jesús examina las acciones de cada ser humano desde Adán. Son las pruebas forenses utilizadas para definir quién ha aceptado la salvación por la fe y quién la ha rechazado. Aquí se define quiénes son los santos del Altísimo: los que perseveraron en guardar los mandamientos de Dios y la fe en Jesús (Apocalipsis 14:12).

La fase de investigación está en vigor ahora, y, mientras sucede, el Espíritu Santo insta a cada corazón a buscar a Dios. Cuando todos hayan sido juzgados y Jesús cierre el juicio investigador, ejecutará su sentencia contra los impíos (Apocalipsis 15-18). El Espíritu de Dios dejará de apelar al ser humano, y la maldad se desbordará. Pablo dice que entonces “será revelado ese impío, a quien el Señor matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida” (2 Tesalonicenses 2:7-8). En ese momento, el engaño de Satanás será desenmascarado, pero será demasiado tarde. Por eso, las posibilidades están disponibles ahora. Más adelante puede ser demasiado tarde.

Mateo 24:30 y 31 dice que “todas las tribus de la tierra se lamentarán, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo, con gran poder y gloria. Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y de los cuatro vientos, desde un extremo al otro del cielo, ellos juntarán a sus elegidos” (Mateo 24:30-31, RVC). No será un rapto secreto ni una transmisión en vivo de las noticias: será una poderosa manifestación personal y universal de Jesús mismo, con todo su ejército de ángeles, y todo ojo lo verá (Apocalipsis 1:7).

Pablo afirma en 1 Tesalonicenses 4:16-17 que “con voz de mando, con voz de arcángel [Jesús mismo], y con trompeta de Dios, [Jesús] descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

En 1 Corintios 15:51, 52, Pablo declara que “no todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. Se trata de la glorificación: los muertos son resucitados y los vivos, junto con ellos, tendrán sus cuerpos y sus mentes totalmente transformados, libres de la muerte y del pecado, para vivir eternamente llenos de salud y alegría con Jesús.

¿Te has dado cuenta de que, cuando Jesús vuelva, no pisará la tierra? Más bien, nos llevará a encontrarnos con él en las nubes. Esto se debe a que la tierra es un planeta degradado por el pecado y necesita ser purificado, pero aún no. Jesús quiere que se revise primero su juicio, no porque se haya equivocado, sino para que se demuestre su justicia.

En Apocalipsis 19:19-21, Juan da a conocer que Satanás y sus agentes serán condenados y los malvados serán muertos. “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo” (Apocalipsis 20:1-3). En sentido figurado, Juan describe una tierra totalmente desolada. Todos estarán muertos excepto Satanás y sus ángeles, que serán encarcelados aquí en la tierra durante mil años sin poder engañar a la humanidad.

En ese momento, los salvados estarán en el cielo en la Nueva Jerusalén. Apocalipsis 20:4 y 6 dice que se sentarán en tronos y recibirán autoridad para juzgar a los vivos, a los muertos y a los ángeles (1 Corintios 6:3). “Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6). Es decir, los salvados participarán en la segunda fase del juicio de Dios, la fase de comprobación. Al analizar los registros celestiales, veremos cómo Jesús juzgó a cada ser humano, incluidos nosotros mismos. Veremos en detalle la misericordia de Dios y la obra del Espíritu Santo para salvar a cada hombre y mujer, y la respuesta que cada uno ha dado a esa oferta. Muchas personas que no han conocido a Jesús estarán en el cielo y podrán conocer personalmente la grandeza de su amor y su salvación: amor ilimitado para personas limitadas. Pero solo estarán en el cielo los que, según su luz, procuraron hacer el bien (Hechos 17:30).

Daniel 12:2 manifiesta que “los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Jesús mismo afirma: “No se asombren de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación” (Juan 5:28-29).

Después de los mil años, comenzará la tercera fase del juicio: la fase ejecutiva. La Nueva Jerusalén emprenderá un viaje a través del universo, y, al acercarse a la tierra desolada, los impíos serán resucitados por el poder de la palabra de Dios. Juan describe esta escena en Apocalipsis 20:9, 11 y 21:2. Ha llegado el momento de limpiar la tierra del pecado.

“Cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de su prisión y saldrá para engañar a las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra… a fin de congregarlos para la batalla” (Apocalipsis 20:7-8). Juan lo detalla aún más: “Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar fue hallado para ellos. Vi también a los muertos… de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos. Y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida. Y los muertos fueron juzgados a base de las cosas escritas en los libros, de acuerdo a sus obras” (Apocalipsis 20:11-12).

En esa fase, todas las personas verán cuántas oportunidades de aceptar la salvación fueron despreciadas. El evangelio se predicaba en todo el mundo: la gente hablaba; la Biblia estaba disponible en libros, libros electrónicos, en cursos y en programas de televisión y de radio; las iglesias estaban abiertas; los medios sociales y las plataformas de streaming eran como piedras que clamaban. ¡Pero ellos lo rechazaron! Incluso si muchos nunca oyeron hablar de Dios, todos han tenido la oportunidad de hacer el bien. Salomón advirtió que “Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo” (Eclesiastés 12:14, NTV). En esa hora, todos ─buenos y malos; salvados y perdidos─ reconocerán que Dios es amor (Filipenses 2:10,11).

Pero Satanás no se dará por vencido, y tratará de invadir la Nueva Jerusalén una última vez. Los ángeles caídos y las naciones se unirán a él, y atacarán la ciudad santa con toda la fuerza que puedan emplear. “Y subieron sobre lo ancho de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada, y descendió fuego del cielo y los devoró. Y el diablo que los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y la Muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda, el lago de fuego. Y el que no fue hallado inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:9, 10, 14, 15). El fuego consumidor de Dios destruirá el pecado y al pecador. Es el final de una triste historia y el nuevo comienzo de lo que Dios siempre ha planificado para nosotros.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más. Y yo vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén que descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo. Oí una gran voz que procedía del trono diciendo: ‘He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron’. El que estaba sentado en el trono dijo: ‘He aquí yo hago nuevas todas las cosas’. Y dijo: ‘Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas’” (Apocalipsis 21:1-5).

En este punto nuestra historia vuelve a comenzar. Dios va a purificar con fuego consumidor nuestro mundo, y destruirá hasta la más mínima mancha de pecado. Por su palabra, recreará nuestra tierra. La Nueva Jerusalén será nuestra capital, y nuestra tierra renovada será la capital del universo por toda la eternidad. Allí, con alegría y satisfacción, viviremos en la presencia visible de nuestro Dios y estudiaremos por toda la eternidad no solo los secretos del universo, sino también la grandeza y la profundidad del amor de un Dios que dio su vida para salvar a los que no lo merecían.

Este será nuestro Edén para siempre. “Ya no habrá más maldición. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le rendirán culto. Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes…. [E]l Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:3-5).

Sí, ¡bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra! ¡Preparémonos todos para ver a Jesús, nuestra Salvación! Solo depende de nosotros aceptar, porque la vida eterna comienza ahora.

Equipo de Escuela Bíblica

Autor: Denis Versiani es magíster en Teología.

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web: https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/vamos-morar-no-ceu-ou-na-nova-terra/

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