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Perdoné la traición, pero se acabó el matrimonio. ¿Qué puedo hacer?

Traición

marzo 6, 2026

¿Debo considerar que “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” y tratar de convencerle de que vuelva a casa y que juntos tratemos de restaurar nuestro matrimonio? Esto ha estado sucediendo durante meses, y la angustia sólo aumenta. ¿Hasta cuándo debo esperar un milagro? ¿O debo vivir una nueva vida sin él?

Débora Pinheiro

Tal vez sea el momento de dejar este peso en las manos de Dios, no me refiero a renunciar, sino a dejarlo en manos de Alguien mayor.

Para el desarrollo muscular, una persona necesita saber el momento para levantar un peso y el momento para dejarlo caer. En la vida, no es diferente. Lo que cambia es el hecho de que algunas relaciones y situaciones que escapan a nuestro control permanecen en el control del Eterno: él tiene el mundo en sus manos.

“Dejar el peso en manos de Dios” es no seguir imaginándose cómo será el mañana, sabemos cuánta angustia que trae esto.

“Dejar el peso en manos de Dios” es confiar en que Dios está al control y hará lo mejor. Mientras tanto, cuídate, quiérete, valórate, dedícate a actividades que te hagan bien y te llenen. Permanece en la paz de Dios y no te dejes abrumar por la ansiedad y la necesidad de controlar la situación. Espera hasta mañana para ver qué pasa.

“Dejar el peso en manos de Dios” no es rendirse, es aprender a esperar con gratitud lo que vendrá, sin crearse expectativas. Creo que el milagro empieza ahí. Finalmente, es reconstruirse en Dios en ese tiempo. Ambos están heridos y cada uno tiene un tiempo diferente de curación. Anestesiar un dolor no es sinónimo de curar.

“No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu”, dice el Señor de los ejércitos (Zacarías 4:6).

Da gracias por el propósito de Dios para ti, y que él sea glorificado. Agradece a Dios porque él es poderoso para hacer infinitamente más y porque escudriña el corazón de cada uno. Presérvate. Ámate. Cuida de ti mismo. Refúgiate en el Señor y déjale tu elección. Dios te mostrará qué hacer o te confirmará tu actitud.

Algunas pérdidas son una liberación, y no tengo forma de evaluar una realidad que no conozco. Dios conoce tus motivos y los suyos y tiene una visión amplia y clara de la situación. Entonces, habla con Dios para saber si es el momento de esperar, de callar, de dar un nuevo sentido a una situación, de cambiar… Camina al lado del Señor y acércate lo más posible a Él para poder verlo en este momento.

Sobre la pérdida como liberación, quizás, en este momento, vivir con alguien que dejó de creer en la relación, en el amor y en el poder de Dios para restaurar, no es lo mejor para ti. La distancia y el tiempo son necesarios en muchas situaciones y relaciones. Mira al hijo pródigo, por ejemplo. Algunas personas tardan en “entrar en razón”, en “darse cuenta” de dónde están y a dónde les llevarán sus decisiones.

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar y tiempo de dejar de abrazar; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de arrojar; tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz” (Eclesiastés 3:1, 5-8).

En cuanto su validez, en la Biblia el matrimonio se compara con la relación de Dios con su pueblo (Isaías 54:5; Jeremías 3:1), y se centra en las posibilidades de perdón y restauración del matrimonio (Oseas 3:1-3). El odio de Dios hacia el divorcio y la miseria que provoca son explícitos (Malaquías 2:15, 16).

Vale la pena considerar que el divorcio es contrario al propósito original de Dios cuando instituyó el matrimonio (Mateo 19:3-8; Marcos 10:2-9). Puesto que el divorcio se produjo como parte de la experiencia humana caída, Dios proporcionó una regulación bíblica para limitar el daño que esta disolución causado (Deuteronomio 24:1-4).

Jesús restauró el concepto original del matrimonio como un compromiso para toda la vida entre un hombre y una mujer y entre la pareja y Dios (Mateo 19:4-6; Marcos 10:6-9). Muchas instrucciones bíblicas confirman el matrimonio y tratan de corregir los problemas que tienden a debilitar o destruir sus cimientos (Efesios 5:21-33; Hebreos 13:4; 1 Pedro 3:7).

El matrimonio se basa en los principios de amor, lealtad, exclusividad, confianza y apoyo que mantienen ambos cónyuges en obediencia a Dios (Génesis 2:24; Mateo 19:6; 1 Corintios 13; Efesios 5:21-29; 1 Tesalonicenses 4:1-7). Cuando se violan estos principios, la Escritura reconoce que las circunstancias trágicas pueden destruir el matrimonio.

Cuando Jesús dijo: “Que no lo separe el hombre”, estableció una norma de conducta para la Iglesia bajo la provisión de la gracia, que debe trascender toda legislación civil que vaya más allá de su interpretación de la ley divina que rige las relaciones matrimoniales. Aquí Cristo impartió una norma a la que sus seguidores deben adherirse incluso cuando las leyes civiles o las costumbres imperantes permiten una mayor libertad. “En el Sermón del Monte, Jesús indicó claramente que el casamiento no podía disolverse, excepto por infidelidad a los votos matrimoniales”¹ (Véase Mateo 5:32; 19:9.)

Sin embargo, se reconoce que a veces las relaciones matrimoniales se deterioran hasta el punto de que es mejor que el esposo y la esposa se separen. “Pero a los que se han casado mando, no yo, sino el Señor: que la esposa no se separe de su esposo (pero si ella se separa, que quede sin casarse o que se reconcilie con su esposo), y que el esposo no abandone a su esposa” (1 Corintios 7:10-11).

 “Pues el pueblo de Israel pertenece al Señor; Jacob es su posesión más preciada. Él lo encontró en un desierto, en un páramo vacío y ventoso. Lo rodeó y lo cuidó; lo protegió como a sus propios ojos. Como un águila que aviva a sus polluelos y revolotea sobre sus crías, así desplegó sus alas para tomarlo y alzarlo y llevarlo a salvo sobre sus plumas” (Deuteronomio 32:9-11, NTV).

“Jesús nuestro Redentor se presenta a los hombres diciendo: Te amo; quiero hacerte feliz. Mostrando sus manos y pies, declara: He sufrido por tu causa; llevo los dardos que habían sido dirigidos a ti. Llevaré tus cargas. Seré tu refugio. Confía en mí, y obtendrás el galardón de vida para siempre jamás”2.

“Yo lo salvaré, porque me ama; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Me llamará y yo le responderé; estaré con él cuando se encuentre en dificultades; lo rescataré y haré que le rindan honores. Haré que disfrute de una larga vida y le mostraré mi salvación” (Salmos 91:14-16, PDT).

“Así que no pierdan la confianza, porque esta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido” (Hebreos 10:35-36, NVI).

“¡Regresen al refugio, ustedes, prisioneros, que todavía tienen esperanza! Hoy mismo prometo que les daré dos bendiciones por cada dificultad” (Zacarías 9:12, NTV).

“Y volverán llenos de esperanza a esas ciudades que parecen fortalezas. Si hasta ahora han sufrido, yo me comprometo en este día a hacerlos dos veces más felices” (Zacarías 9:12, TLA).

Autor: Débora Pinheiro

Referencias

1 White, El discurso maestro de Jesucristo, p. 56.

2 White, Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 64.

La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:  https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/perdoei-a-traicao-mas-o-casamento-acabou-o-que-fazer/

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