¿Cómo entender el episodio del hombre que fue a recoger leña en sábado?
Ley
febrero 24, 2025

Debemos observar que, detrás de cada pronunciamiento de Dios, había una oportunidad de misericordia.
“Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés” (Números 15:32-36).
En primer lugar, es interesante observar que en este capítulo se habla del perdón de Dios para los pecados accidentales, por ignorancia, inconscientes o que no se cometieron con una actitud de provocación o rebeldía (Números 15:22-31). Los pecados desafiantes serían castigados con la muerte, simplemente porque quienes los cometían no se arrepentían.
Considera ahora el carácter de Dios —justo, misericordioso, amoroso y perdonador—, así como la actitud de este hombre que, después de haber sido descubierta su transgresión, fue llevado a Moisés y mantenido en prisión durante algún tiempo. ¿Tuvo tiempo de reconsiderar su actitud y su intención y arrepentirse? Permaneció en prisión hasta la puesta del sol (después de todo, era sábado), pero no hubo arrepentimiento. Imagina qué hubiera pasado si, durante la lapidación, en cuanto le tiraban las primeras piedras, se hubiera arrepentido y pedido clemencia y perdón. ¿Crees sinceramente que Dios no le habría perdonado? Pero este hombre no expresó ninguna defensa, justificación o arrepentimiento.
“Antaño encender un fuego exigía considerable esfuerzo. El clima relativamente cálido de la zona del Sinaí hacía innecesaria la calefacción, y el fuego sólo hubiera servido para cocinar. Puesto que no era indispensable para la salud comer alimentos calientes en tal clima, no se debía preparar comida caliente en sábado (ver com. cap. 16: 23). Este mandato es observado estrictamente
todavía, aun en lugares de clima frío, por los judíos caraítas, quienes no permiten encender ni luz ni fuego en sus casas durante el día sábado. Sin embargo, muchos judíos consideran que esta orden era de carácter transitorio, y encienden luces y fuego, incluso en Israel. Pero los judíos ortodoxos estrictos no cocinan hoy ningún alimento en día sábado”.1
¿Por qué se le dio muerte al hombre que recogió leña en sábado?
Este era el castigo para los crímenes notables (Levítico 20:2; 24:14). Este hombre fue el primero en quebrantar el santo sábado desde que se promulgó la ley, al menos hasta donde sabemos por los registros. El pecado de este hombre era claramente insolente, y el mismo era una ilustración de la clase de pecado de que se habla en Números 15:30. Fue su actitud desafiante la que provocó el castigo severo. Quebrantó deliberadamente el sábado.2
El comentarista evangélico Mathew Henry está de acuerdo en que el acto de recoger leña en el día sábado fue un “desafío” a Dios “en relación con el pecado de transgredir el día de reposo”3. Prosigue su argumentación diciendo que “la transgresión consistió en recoger leña para hacer fuego en el día de descanso, en un momento en que el pueblo tenía que preparar la comida y cocerla en el horno el día anterior (Éxodo 16:23). Esta actitud ofendía tanto a la ley como al Legislador. Dios era celoso del honor de sus días de descanso, y no consideraba inocente a los que los profanaban, hicieran lo que hicieran los hombres. Dios concibió este castigo como una advertencia para que todos tomaran conciencia de guardar el carácter sagrado del día de descanso… El derecho de Dios, de tener un día de devoción a él, solamente fue discutido y negado por aquellos que solo hicieron caso al orgullo y la incredulidad de sus corazones, en lugar de escuchar la enseñanza del Espíritu de verdad y vida”.4
En aquella época se mataba a la gente por otros pecados (cometer adulterio, maldecir a su padre o a su madre). Pero debemos observar que detrás de cada pronunciamiento de Dios había una posibilidad de misericordia. Recordemos, por ejemplo, el caso de Nínive (libro de Jonás), que, aunque su castigo ya había sido pronunciado, al arrepentirse, Dios se retractó del castigo. Nota que este recolector de leña de Números 15:30 no se arrepiente, no pide perdón ni da marcha atrás. Si hubiera confesado su pecado y se hubiera arrepentido, seguramente se habría cumplido para él la promesa de 1 Juan 1:9 (aunque se hubiera revelado más tarde), ya que, según el libro de Hebreos, Jesucristo es el mismo siempre: ayer, hoy y siempre. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar toda nuestra iniquidad.
Encender hoy un fuego en sábado no nos hace transgredir el sábado, pues no nos lleva a las mismas acciones de esfuerzo concentrado y trabajo físico a los que se vieron abocadas las personas de entonces. Está mal ocupar las horas del sábado trabajando duro por nuestro propio interés, pero alimentarnos no es pecado. El simple encendido de un fuego no puede compararse con salir al campo, buscar leña, elegirla, cortar los troncos, arrastrarlos hasta el patio trasero, partirlos, limpiarlos, seleccionarlos, almacenarlos, meterlos con palos y pajas en una cocina de leña, y golpear piedras, soplar y sacudir hasta que prendan fuego.
Hoy, con solo pulsar un botón podemos calentar nuestra comida del sábado y alimentarnos sin que tales acciones nos aparten de la misión de hacer el bien, predicar y adorar en sábado, como hacían los discípulos cuando estaban con Jesús, que, en su misión, se alimentaban con el mínimo esfuerzo de tomar las mazorcas que había por allí (Marcos 2:23-38). Lo que Dios quiere el sábado es nuestro espíritu de adoración, alabanza, misión y benevolencia.
Del relato bíblico podemos extraer un principio importante que es la preparación para la llegada del santo sábado. Si lo hacemos, disfrutaremos mejor de este día santo (apartado por Dios en la creación, Génesis 2:1-3), para el descanso físico y el descanso espiritual de la fe (Hebreos 4:9).
Escuelabiblica.com
Referencias
1 Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, t. 1, p. 691.
2 Ibidem.
3 Mathew Henry, Comentário Bíblico de Números, p. 27.
4 Ibidem.
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