José: fidelidad a toda prueba
Fidelidad
diciembre 31, 2025
Créeme, en el cielo, mientras tus penas se disipan y los dolores se convierten sólo en un recuerdo del pasado, Jesús te explicará lo inexplicable, y te dará la recompensa eterna por tu fidelidad.
Denis Versiani
Errores en la familia y el efecto dominó
Si Dios es bueno, ¿por qué suceden cosas malas? La respuesta a esta pregunta es sencilla y dolorosa. Vivimos en un mundo de pecado donde ocurren cosas malas. Pero la pregunta principal es “si Dios es bueno, ¿cómo puede ayudarme a sacar provecho de ello?”. Es una cuestión de fe. Aunque las cosas no son tan sencillas, es posible.
Mira la vida de José. Era el típico “niño de papá”. Aunque tenía un carácter bondadoso y amaba al Dios de su padre, le faltaba madurez para afrontar los conflictos de una familia complicada, en la que un hombre tomó cuatro esposas y tuvo trece hijos. Además, la declarada predilección de Jacob por José frente a sus hermanos mayores les llenó de unos celos enfermizos.
José recibió una túnica que lo investía con los derechos de primogenitura, algo que naturalmente le pertenecería a Rubén. Además, José denunció a Jacob la mala conducta de sus hermanos. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando José contó a su padre y a sus hermanos los sueños que tuvo, en uno de los cuales unas gavillas de trigo, el sol, la luna y las estrellas ─símbolos de su familia─ se postraban ante José. Aunque José tenía un carácter puro, no era lo suficientemente maduro para elegir el mejor momento y la mejor manera de contar estas cosas. Así que la ira de los hermanos se encendió hasta tal punto que ellos, a 70 kilómetros de su padre, al ver que su hermano se acercaba, lo cogieron y lo vendieron como esclavo a unos mercaderes ismaelitas por 200 gramos de plata (puedes leer esta fatídica historia en Génesis 37).
Al entregar la túnica manchada de sangre a su padre, los hermanos de José inventaron una mentira que desgarró el corazón de Jacob durante más de 21 años. No se trataba de unos enemigos de la familia de José. Estamos hablando de sus propios hermanos, ¡lo que hace aún más absurda esta actitud! ¿Cómo pudieron ver a su padre languidecer con tal dolor y no arrepentirse?
Después de todo, si Dios es bueno, ¿por qué ocurren cosas malas? Desgraciadamente, una de las respuestas es que muchas veces nosotros mismos, conscientes o inconscientes, con buena o mala intención, acabamos acarreando situaciones desfavorables en nuestra contra. Muchas veces, Dios consigue sacarnos de estos problemas. Sin embargo, otras veces, Dios las utiliza para hacernos mejores personas.
José en Egipto: prosperidad e injusticia
“Llevado José a Egipto, Potifar, un hombre egipcio, funcionario del faraón y capitán de la guardia, lo compró de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Pero el Señor estuvo con José, y el hombre tuvo éxito. Él estaba en la casa de su señor, el egipcio, quien vio que el Señor estaba con él y que todo lo que él hacía, el Señor lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia ante los ojos de Potifar y le servía. Potifar le puso a cargo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía” (Génesis 39:1-4).
En Egipto, José estuvo expuesto a todo tipo de tentaciones inusuales. Estaba en medio de la idolatría. El culto a los dioses estaba lleno de realeza y refinamiento, respaldado por la riqueza y la cultura de la mayor potencia política y militar del mundo antiguo. El ruido, la sensualidad y el vicio le rodeaban cada día. Lejos de sus padres, indignado por toda la injusticia que sufría, José podría haberse entregado a ese estilo de vida y podría haber conseguido algunas ventajas pasajeras.
Pero José manejó esto con humildad, y se mantuvo firme en sus principios. Es obvio que se vería obligado a trabajar en sábado y a postrarse ante los dioses egipcios en las horas de culto. Pero con humildad José se negó, aunque en su esclavitud le costara algún castigo. Su firmeza y su fe se vieron compensadas porque era amable y fiel a su jefe. Además, todo lo que hacía le salía bien, ya que José trabajaba enérgicamente y con perseverancia. Su éxito siempre le atribuyó a Jehová, el Dios de su padre Jacob. No obstante, José siempre tuvo la conciencia de que seguía siendo un esclavo.
Nuestra sociedad perdió el rumbo hace mucho tiempo. “Dad al César lo que es del César” (Mateo 22:21). “Siervos, obedezcan en todo a sus amos… con sencillez de corazón, temiendo a Dios” (Colosenses 3:22). “Todos deben obedecer a las autoridades” (Romanos 13:1, NBV). Incluso cuando decimos que hacemos lo correcto, tenemos el problema de que muchos de nosotros lo hacemos por la razón equivocada, pensando en realidad en alguna recompensa o en lo malo que podría pasar si hacemos lo incorrecto. Pero, Dios necesita hombres que hagan lo correcto simplemente porque es correcto, aun si esto resultara en una situación desventajosa para nosotros. Desgraciadamente, en nuestro mundo de pecado, Satanás utiliza de todo para destruirnos. Y eso es lo que le ocurrió a José.
“Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en José y le dijo: Acuéstate conmigo. Él rehusó y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor, teniéndome a mí, no se preocupa de nada de cuanto hay en la casa. Ha puesto en mis manos todo cuanto tiene. No hay otro superior a mí en esta casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios?” (Génesis 37:7-9).
Ante esta propuesta indecente, podrías pensar: “¡José era un patriarca, un profeta de Dios! ¿Quién soy yo? Además, ¡hoy las cosas son diferentes!”. Pero pensemos con más detenimiento. Potifar no elegiría a cualquier mujer. Su esposa era probablemente una de las mujeres más bellas de Egipto, y José era un joven en la plenitud de su vigor físico.
Como Potifar, siendo general en Egipto, viajaba mucho, esa “pobre” mujer se sentía sola y necesitada. Si José tuviera una aventura con ella, probablemente nadie lo sabría. Pero José ni siquiera dudó. Se alejó de esa mujer y se negó por dos razones: lealtad a Dios y lealtad a su jefe. No importaba si Dios lo libraría de esa situación o si se pudriría en una prisión. José estaba bien cimentado en su fe y no pecaría contra Dios.
Por desgracia, en el mundo hay muchos cristianos que han decidido equivocadamente. Profesan creer en Dios, pero cuestionan las normas de su iglesia y rompen los mandamientos de Dios. Usan drogas prohibidas, tienen sexo ilícito y se someten a una serie de perversiones creyendo que esto no destruirá su mente, sus relaciones y su futuro. Amigo, no justifiques tu pecado en tu personalidad, en tus traumas de la infancia, en la forma en que fuiste criado o en el mundo moderno en que vivimos. El mundo necesita hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de su alma; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos. Por tanto, sé un creyente bien cimentado.
Pues bien, parece que las insinuaciones de la mujer fueron volviéndose más atrevidas (Génesis 39:10), hasta que “se lanzó al ataque” de José. Para no usar la violencia contra ella, José huyó dejando su capa. Acostumbrada a conseguir todo lo que quería, la mujer enfadada inventó una mentira que llevó a José a la cárcel. Y allí permaneció al menos dos años.
La Biblia no muestra cuánto cuestionó José a Dios sobre todo lo que le iba mal en su vida. ¡Pero puede que lo haya hecho! Sin embargo, José permaneció fiel y confiado en Dios, y Dios lo prosperó dentro de la prisión, incluso ante las promesas incumplidas de un funcionario de la corte.
Zafnat-Panea: de la vergüenza a la honra
Por más que parezca, Dios no se había olvidado de José. En Génesis 41, José interpretó los sueños del faraón. Esta era la oportunidad de José para mostrar a toda la cúpula egipcia que él servía al Dios de los dioses, al único Dios. Sobre el don de interpretar sueños, José testificó: “No está en mí; Dios dará a Faraón una respuesta favorable” (Génesis 41:16, LBLA). José no sólo proporcionó la interpretación del sueño (Génesis 41:17-24), sino que también mostró la solución para que Egipto prosperara en los siete años de abundancia y sobreviviera a los siete años de hambruna ayudando a otras naciones de alrededor (Génesis 41:33-36).
La historia de José muestra una cosa. No importa si eres justo o corrupto, no importa si eres un cristiano de fachada o un creyente afirmado: en este mundo sufrirás, ya sea por los embates de Satanás o por las fatalidades de un mundo de pecado.
Pero una verdad alentadora es que “Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). Durante esos más de 21 años, José luchó contra la nostalgia y diversas frustraciones. Jacob estaba amargado por la muerte de su hijo y los hermanos de José estaban siendo azotados por su propia conciencia. Pero, mientras tanto, Dios estaba actuando para proteger a naciones enteras de una sequía tan severa que podría haber diezmado incluso el linaje de Abrahán. En José, Dios bendijo a todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). Así, José se convirtió en el gobernador de Egipto, y además se casó con Azenat, y fue bendecido con dos hijos (Génesis 41:37-57).
¡Crecer duele!
José finalmente alcanzó la paz mental sabiendo que Dios lo había llevado allí para ser una bendición. Luego, siete años después, ya en los rigores de la sequía, diez hombres se postraron ante el gobernador. No lo reconocieron. Entonces, la pena estalló incontroladamente. En este conflicto, José recordó los sueños que tuvo a los diecisiete años y comprendió que se estaban cumpliendo (Génesis 42:7-9).
José tenía todas las razones para hacer justicia. Fue gobernador, legislador y el segundo hombre más poderoso de la tierra. Incluso sería justo que José condenara a sus hermanos por el crimen atroz que habían cometido. Pero, aprovechando que sus hermanos no lo reconocieron, José los sometió a una dura y larga prueba de fidelidad con la finalidad de ver si habían cambiado. Para abreviar la historia, Judá contempló el riesgo de ver a su padre sufrir la muerte de otro hijo suyo, Benjamín, el hijo menor de Raquel. Judá se postró, y el corazón ante Zafnat-Panea (nombre egipcio de José) se desgarró. Ante él, Judá confesó su preocupación por su anciano padre ante la posibilidad de perder a su hermano menor, y rogó que se le retuviera como esclavo en lugar de Benjamín (Génesis 44:14-34).
Incapaz de contenerse por más tiempo, José cumplió un deseo de 21 años. No era el deseo de venganza, sino de perdonarles y reincorporarse a su familia. Así que se dio a conocer a sus hermanos. En un cálido y estrecho abrazo, el perdón triunfó por fin. Jacob tuvo la oportunidad de volver a besar a su hijo y de vivir con él en Egipto hasta el final de su vida. José ya no era un muchacho inmaduro de diecisiete años, sino un hombre maduro y sabio, alguien que insistía en confiar y esperar en Dios cuando sucedían cosas malas.
Amigo lector, la pregunta “si Dios es bueno, ¿por qué suceden cosas malas?” puede tener la siguiente respuesta: Nunca sabes a dónde te llevará esta vida, ni a qué luchas te enfrentarás. Tal vez, podamos prosperar como José, o ser perseguidos por causa de la justicia. Podemos descansar en paz como Daniel, o que nos corten la cabeza como a Juan el Bautista. Pero Jesús dio la razón por la cual andar por sus caminos es garantía de éxito. “En el mundo tendrán aflicción, pero ¡tengan valor; yo he vencido al mundo!” (Juan 16:33). “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).
¡Así que no te rindas nunca! Tendrás que luchar contra tu naturaleza, contra los conceptos distorsionados de nuestra sociedad y contra las tentaciones de Satanás. Pero no luches solo: “Sométanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes” (Santiago 4:7). Sé fiel, un cristiano firme, aunque este mundo intente ridiculizar tu fe. Llegará el día en que Jesús nos dirá personalmente: “¡Vengan, benditos de mi Padre! Hereden el reino que ha sido preparado para ustedes desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34). Créeme, en el cielo, mientras tus penas se disipan y los dolores se convierten sólo en un recuerdo del pasado, Jesús te explicará lo inexplicable, y te dará la recompensa eterna por tu fidelidad.
¡Dios te bendiga!
Equipo estudielabiblia.com
Denis Versiani es magíster en Teología.
La publicación original de este artículo se encuentra en la página web:https://biblia.com.br/perguntas-biblicas/jose-fidelidade-a-toda-prova/
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